Villada Mauricio
Poeta adicto al portal
El tiempo los ata al silencio en todos los puertos
del instante...
la belesa narcótica de la hesitación cósmica arropa
sus llantos perlados
taconean los suspiros en los muelles de la soledad
entre lunas mezquinas
tibio es el plumaje de las migajas que ofrecen los
pérfidos dioses
triste el bramido de los horizontes encallados en un
mirar infinito
frenético aliento enquistado en la saliva de los
amantes
que velan el sueño soñado en itinerarios eternos
brazos que atan la pasión con nudos de ombligo
pero que ya nada de sus adentros les conduce a la
fuente feliz del deseo
trastos azulados roen las mejillas de la niña
mientras el párvulo gorrión tuerce el gesto sin
aliento
las horas saladas corroen los empedrados más
acorazados
y la retórica de las miradas canta adioses que desoye
la nostalgia
lo triste de lo final es la guasa inmunda de heraldos
furtivos
componiendo sus apuestas por los cuerpos vencidos
y volverán a batir, los amantes, sus perchas
desvastadas
por los rincones como una ofrenda de rancia
primavera
cloquea la mañana atravesada por la maldad de las
campanadas
vuelve a vestirse el amor
a llenarse de dolor
tropiezan dos lágrimas en su cuesta abajo hacia el
olvido.
del instante...
la belesa narcótica de la hesitación cósmica arropa
sus llantos perlados
taconean los suspiros en los muelles de la soledad
entre lunas mezquinas
tibio es el plumaje de las migajas que ofrecen los
pérfidos dioses
triste el bramido de los horizontes encallados en un
mirar infinito
frenético aliento enquistado en la saliva de los
amantes
que velan el sueño soñado en itinerarios eternos
brazos que atan la pasión con nudos de ombligo
pero que ya nada de sus adentros les conduce a la
fuente feliz del deseo
trastos azulados roen las mejillas de la niña
mientras el párvulo gorrión tuerce el gesto sin
aliento
las horas saladas corroen los empedrados más
acorazados
y la retórica de las miradas canta adioses que desoye
la nostalgia
lo triste de lo final es la guasa inmunda de heraldos
furtivos
componiendo sus apuestas por los cuerpos vencidos
y volverán a batir, los amantes, sus perchas
desvastadas
por los rincones como una ofrenda de rancia
primavera
cloquea la mañana atravesada por la maldad de las
campanadas
vuelve a vestirse el amor
a llenarse de dolor
tropiezan dos lágrimas en su cuesta abajo hacia el
olvido.