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que hermoso manuel, mientras lo leia sentia un beso de mi amado...que emocion, definitivamente un beso es la expresion mas grande del amor. un placer como siempre leerte amigo
Que puedo agregar a tantos elogios...que son todos absolutamente merecidos. Me animaría a decir que es el más bello soneto de los que te leí hasta ahora, lo cual es mucho decir. Maravilloso, por su ritmo, por su rima, por su técnica perfecta, por su contenido, por la pasión que transmite...Una obra de arte. Un abrazo Maestro. :::: Dany.
la primavera la sangre altera, hoy sólo leo poemas de amor. Y qué bonitos, qué beso tan suculento, diría yo. Besos y estrellas amigo Manuel
Otro texto dulce y maravilloso!!! Tendre que leer tus escritos mas seguido...
Felicitaciones!!!
Despacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
Despacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
Eso lo representa todo un beso, el beso existente entre la alborada y le rocío, entre el amor de un hombre y de una mujer... muy bello tu poema amigo.
Un abrazo
Eugenio
hermosos versos, llenoos de pasión, besos envueltos de placeres y con tan magistral poema te doy mis estrellitas...saludos
ciel
amigo salerin que inmensas son tus palabras un placer enorme al leerte
Luciana Simón;708535 dijo:Si que sabes de sonetos, este está muy bueno, te seguiré leyendo para aprender.
Despacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
:: . Un besitoDespacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
Despacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
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