El cauce de ese rio sin retorno me pertenece,
Como cada beso que nos dimos
en las madrugadas eternas,
Sábanas que arropan el aliento de un suspiro
Con el sabor de gloria,
Cuando los dos por vez primera existimos.
Cuando los dos por vez primera existimos.
Aún permanece el calor de aquellas tardes
Las que inventamos en el espacio justo,
En la distancia que separa el deseo de unos labios sedientos
En la mirada perpetua de un te quiero,
No era un simple encuentro,
Eran miles,
Eran las ganas de volar en contra del viento,
De escaparnos rio arriba contra la corriente,
Con la fuerza del canoero que quiere alcanzarel horizonte
El de tus manos,
El de mis pechos,
Luna que alumbró mis pasos enredados en los tuyos
En la sombra de un abrazo,
En la luz de la noche sin estrellas.
Aun te veo cada noche
llegar,
A mi ventana miro y puedo verte
Mirándome,
Puedo sentirte cuando suspiras al verme,
En esa profundidad del tiempo que no muere…
¿Qué será de ti canoero de mis laderas?
Cada beso te pertenece,
solo tú conoces el significado de esta angustia retenida,
La de no consumarnos en el deleite de un amor
que se resiste al tiempo...
Hoy tal vez agonice,
sin el oxigeno de tu llegada,
quizás muera…
Más allá del sol estaré esperándote
relámpago de mis amaneceres,
¡Vence el miedo!
déjalo que vuele con el viento,
colibrí de mis labios,
molino de mis pechos.
Te devuelvo el néctar de tus besos,
y el veneno que me hizo adicta
navegante de mis sueños,
me esfumo hasta los mares de donde vine,
rio abajo con la corriente.
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