Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Tu piel es nieve, pura y blanca,
tus ojos, dos retazos de cielo,
tus dientes son destellos de nácar
y tu cabello, dorado terciopelo.
Tu boca es esa fruta tan jugosa
que crece en el Jardín de las Delicias,
donde se riega con elixir de rosas
y el jardinero sus mimos le prodiga.
Tus manos, tan finas y sedosas
me acarician tan solo con rozarme,
y son tus piernas, dignas de una diosa
que en terrenal mujer se transformase.
Son tan voluptuosas tus caderas
que para ellas no encuentro las palabras
que definiesen como merecieran
el modo en que tendría que alabarlas.
tus ojos, dos retazos de cielo,
tus dientes son destellos de nácar
y tu cabello, dorado terciopelo.
Tu boca es esa fruta tan jugosa
que crece en el Jardín de las Delicias,
donde se riega con elixir de rosas
y el jardinero sus mimos le prodiga.
Tus manos, tan finas y sedosas
me acarician tan solo con rozarme,
y son tus piernas, dignas de una diosa
que en terrenal mujer se transformase.
Son tan voluptuosas tus caderas
que para ellas no encuentro las palabras
que definiesen como merecieran
el modo en que tendría que alabarlas.