Tu cuerpo

Henry Miller

Poeta recién llegado
Celebro tu cuerpo de trigo

de lámpara encendida,

tu cuerpo del que penden dos lunas

dos naufragios gemelos

capitales del insomnio,

tu cuerpo de indescifrables veredas

de aceitunas indómitas,

tu cuerpo que enciende mis sueños

de un celo vesperal.



Celebro las horas de tu cuerpo,

vestidas de incansable luz,

tu cuerpo altillo del placer

habitado por mi larga sombra,

por mi sed sin ojos,

cuerpo mio cincelado en sueños,

por el pirata que soy

que he sido.



Cuerpo de todas las eras,

espiga que es encuentro,

realidad que se impone a ciegas

como el brote del bambú.

Manantial del todo,

pasión que florece sin semilla,

pasión que ahoga las palabras,

pasión de piernas abiertas y lengua dulce,

amaranto astuto,

razón que enloquece

al que la enfrenta.



Materia combustible,

matriz de flores ensartadas

tu cuerpo de medianoche.

Insinuación que oprime

ausencia que ahuyenta la cordura,

gloria que palpita en cada centro,

en cada silencio que se agiganta,

vara para medir lo eterno.



Canto de tu cuerpo,

frontera de todas las tardes,

latitud de palpitante sangre,

latigazo en pleno rostro,

conjunción de rezos,

espada que abre la carne,

de par en par.



Cuerpo que no es tuyo

hasta que yo lo toco,

hasta que mis ojos amantes lo abarcan

y lo cubren con deseos sin nombre.

Hasta que mi sed lo santifica y lo extiende

como una alfombra perpetuamente verde,

como una hoja que cae dos veces,

en la misma brasa ardiente,

cuerpo de premonición,

acuartelado en la penumbra,

en la misma hora de una tarde fija

en un reino de especias indescifrables.



Cuerpo que nació en mis ojos,

inesperada cruz de incienso,

madrugada de brazos desnudos,

mi corazón te asedia como un bandido,

te atrae hacia el abismo,

te ronda en el hechizo,

te atrae hacia la trampa

de antorchas encendidas.
 
Última edición:
Celebro tu cuerpo de trigo

de lámpara encendida,

tu cuerpo del que penden dos lunas

dos naufragios gemelos

capitales del insomnio,

tu cuerpo de indescifrables veredas

de aceitunas indómitas,

tu cuerpo que enciende mis sueños

de un lluvia vesperal.



Celebro las horas de tu cuerpo,

vestidas de incansable luz,

tu cuerpo altillo del placer

habitado por mi larga sombra,

por mi sed sin ojos,

cuerpo mio cincelado en sueños,

por el pirata que soy

que he sido.



Cuerpo de todas las eras,

espiga que es encuentro,

realidad que se impone a ciegas

como el brote del bambú.

Manantial del todo,

pasión que florece sin semilla,

pasión que ahoga las palabras,

pasión de piernas abiertas y lengua dulce,

amaranto astuto,

razón que enloquece

al que la enfrenta



Materia combustible,

matriz de flores ensartadas

tu cuerpo de medianoche.

Insinuación que oprime

ausencia que ahuyenta la cordura,

gloria que palpita en cada centro,

en cada silencio que se agiganta,

vara para medir lo eterno.



Canto de tu cuerpo,

frontera de todas las tardes,

latitud de palpitante sangre,

latigazo en pleno rostro,

conjunción de rezos,

espada que abre la carne,

de par en par.



Cuerpo que no es tuyo

hasta que yo lo toco,

hasta mis ojos amantes lo abarcan

y lo cubren con deseos sin nombre.

Hasta que mi sed lo santifica y lo extiende

como una alfombra perpetuamente verde,

como una hoja que cae dos veces,

en la misma brasa ardiente,

cuerpo de premonición,

acuartelado en la penumbra,

en la misma hora de una tarde fija

en un reino de especias inextricables.



Cuerpo que nació en mis ojos,

inesperada cruz de incienso,

madrugada de brazos desnudos,

mi corazón te asedia como un bandido,

te atrae hacia el abismo,

te ronda en el hechizo,

te atrae hacia la trampa

de palabras encendidas.
grandes palabras intensas y agradable a los corazones enamorados.
 

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