danie
solo un pensamiento...
Tu dialecto lacra las runas con fuego,
deteniendo las arenas del tiempo,
donde el emisario es un vocablo
que deambula por el verbo amar,
donde los pensamientos y los hechos
emigran hacia el cuerpo
y en un súbito bordado
escaldan con su carnal jerga
las fruiciones utópicas,
las riberas dilapidadas del periplo de la piel.
Tu lengua de almíbar y caramelo
rompe las barreras de la blasfemia y su terno,
se instala en una colmena guiando a las abejas hacia la flor,
como una soberana digna por su loable faena,
fructífera y valiosa para la vida de la región;
tu lengua con una llamarada voluptuosa
enlaza al trémulo latido del corazón
guardando en su cofre los ensueños del fervor;
tu lengua melindrosa marca el sendero del Edén,
un camino rodeado por querubines y serafines
con sus panegíricos sinfónicos de la cítara de los cielos;
tu lengua es la sibila de un designio encomiado por Dios
¡Oh, dichoso soy al tener el regodeo de tu religión!
Es que tu lengua enseña otros sentidos al paladar,
una omnipotencia que avizora desde la cúspide
los movimientos siderales,
las constelaciones y los cometas
que flotan por el manto terrenal.
Sé que algún día tu lengua se marchará,
infortunio de la existencia por un mal presagio
que me condenará a dormir solo,
pensando que pude amar,
soñando con el insomnio que me dio tu lengua,
en la zozobra de un testamento sin nombre
ante el óbito y su peso.
Eso será esperar la muerte en mi frío lecho
sin comer ni beber por la adicción de tu alimento;
pero evitaré eso al anudar tu lengua junto a la mía por siempre
deteniendo las arenas del tiempo,
donde el emisario es un vocablo
que deambula por el verbo amar,
donde los pensamientos y los hechos
emigran hacia el cuerpo
y en un súbito bordado
escaldan con su carnal jerga
las fruiciones utópicas,
las riberas dilapidadas del periplo de la piel.
Tu lengua de almíbar y caramelo
rompe las barreras de la blasfemia y su terno,
se instala en una colmena guiando a las abejas hacia la flor,
como una soberana digna por su loable faena,
fructífera y valiosa para la vida de la región;
tu lengua con una llamarada voluptuosa
enlaza al trémulo latido del corazón
guardando en su cofre los ensueños del fervor;
tu lengua melindrosa marca el sendero del Edén,
un camino rodeado por querubines y serafines
con sus panegíricos sinfónicos de la cítara de los cielos;
tu lengua es la sibila de un designio encomiado por Dios
¡Oh, dichoso soy al tener el regodeo de tu religión!
Es que tu lengua enseña otros sentidos al paladar,
una omnipotencia que avizora desde la cúspide
los movimientos siderales,
las constelaciones y los cometas
que flotan por el manto terrenal.
Sé que algún día tu lengua se marchará,
infortunio de la existencia por un mal presagio
que me condenará a dormir solo,
pensando que pude amar,
soñando con el insomnio que me dio tu lengua,
en la zozobra de un testamento sin nombre
ante el óbito y su peso.
Eso será esperar la muerte en mi frío lecho
sin comer ni beber por la adicción de tu alimento;
pero evitaré eso al anudar tu lengua junto a la mía por siempre