Miriam Camelo
Poeta recién llegado
Del éxtasis del ayer, a la melancolía de esta tarde.
Café de madrugada, café de los ocasos,
soy adicta a tu sentir y al rojo de tu cosecha,
persiste en mis recuerdos, la exquisitez de tu aroma
y tu boca
ese tueste ligero que conserva su estampilla
cala mi coherencia, allanando los sentidos,
el paladar cata su almíbar, caramelo de la casa
y la acidez de tu origen
estimula mi alegría.
Café que, al desayuno, me anuda a tu cintura,
café del medio día, lanza mis pies a tu vera,
café que a media luz
en duermevelas de ausencia,
bordea lindes de desamparo
y de suspiros entre las sombras,
cafetales son tus palabras que,
en el sostenido de su vibrato
quiebra este sosiego austero
de una nostalgia que humilla.
Cafeína corre en tus besos,
café tostado y molido,
fragancia de la molienda, sempiterno en tu carcajada
y te bebo sorbo a sorbo
al irrumpir el sol, las auroras,
o sabor a dúctil almendra, a la hora de los venados,
dos o cuatro tazas, es libar de tu presencia,
jengibre que suma aromas, tierra negra de las veredas,
que me acoge desde la ventana
bajo una pléyade de luciérnagas.
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