Angel Eve
Poeta adicto al portal
Tu nombre, si, tu nombre. Me recuerda lo feliz que soy siendo hombre.
Tu nombre, enciende en mi corazón la lumbre de la luna, brillando en la cumbre de mis sueños.
Y solo sueño, besar cada mañana tus labios, esos pequeños filamentos de amor dulce.
Rosados y tiernos con miles de argumentos cuando se mueven.
Tu nombre, esas seis letras entretejidas entre sí, me convierten en poeta.
Y si, si soy feliz pronunciándolo aunque tus oídos no estén cerca de mí.
Tú no sabes, cuanto te amo. Cuanto te extraño.
Cuanto anhelo que tus manos recorran mi rostro.
Y cuanto quisieran mis brazos abrazarte fuertemente en las noches.
Tú no sabes eso. Así como no sabes cuánto te pienso.
Vivo viendo, nuestras fotografías. Rememorando los días felices.
Recordando tus sonrisas pintorescas, tu voz suave y acústica.
Tus palabras, tus frases para mí son música.
Y tú no sabes eso. Y en no saberlo, no hay justicia.
Tú no sabes, cuantas lágrimas han caído en la soledad.
Y no has estado para coleccionarlas.
Cuantas risas han roto el ruido de la tempestad, y no has estado para admirarlas.
Cuantos logros me han puesto en podios, y no has estado para aplaudirme.
Y cuantos fracasos me han quebrado los pasos y no estuviste.
Para levantarme el ánimo cuando decidí rendirme.
Te he necesitado justo a mi lado, pero en tu ausencia.
Tu nombre, me recuerda que sigo siendo un hombre.
Y tú no sabes eso. Tú no sabes que al acostarme, te deseo buenas noches para consolarme.
Para sentirme contigo. Para soñar que sigo vivo.
Para sonreír en la oscuridad de la habitación que es un tempano sin tu presencia.
Y a veces, a veces lloro con el corazón, porque me siento impotente.
De arrebatarle a la distancia los kilómetros y verte.
Verme en tus ojos y creerme el más dichoso de los esposos.
Pero en cuanto recobro la realidad. Tú no sabes que duele.
Porque yo nací poeta y no quiero morir sin antes oír las hermosas letras de tu nombre.
Amanda, tú no sabes cuánto, cuanto te extraño.
Exprimo mi fuerza en mis puños de hombre.
Y me siento débil, cuando al fin acepto que no estás presente.
Y eso, no lo sabes. Como no sabes que la soledad hiere.
Y no es mi culpa haber nacido poeta.
Los poetas somos sensibles, porque no somos superhéroes.
Somos solo hombres, advenedizos. Destinados a vivir marginados.
Y yo, me siento a veces abandonado, por tu juicio.
Y tú no sabes eso.
Así como no sabes cuánto, cuanto, cuanto te amo.
Autor: Angel EC Chub
Tu nombre, enciende en mi corazón la lumbre de la luna, brillando en la cumbre de mis sueños.
Y solo sueño, besar cada mañana tus labios, esos pequeños filamentos de amor dulce.
Rosados y tiernos con miles de argumentos cuando se mueven.
Tu nombre, esas seis letras entretejidas entre sí, me convierten en poeta.
Y si, si soy feliz pronunciándolo aunque tus oídos no estén cerca de mí.
Tú no sabes, cuanto te amo. Cuanto te extraño.
Cuanto anhelo que tus manos recorran mi rostro.
Y cuanto quisieran mis brazos abrazarte fuertemente en las noches.
Tú no sabes eso. Así como no sabes cuánto te pienso.
Vivo viendo, nuestras fotografías. Rememorando los días felices.
Recordando tus sonrisas pintorescas, tu voz suave y acústica.
Tus palabras, tus frases para mí son música.
Y tú no sabes eso. Y en no saberlo, no hay justicia.
Tú no sabes, cuantas lágrimas han caído en la soledad.
Y no has estado para coleccionarlas.
Cuantas risas han roto el ruido de la tempestad, y no has estado para admirarlas.
Cuantos logros me han puesto en podios, y no has estado para aplaudirme.
Y cuantos fracasos me han quebrado los pasos y no estuviste.
Para levantarme el ánimo cuando decidí rendirme.
Te he necesitado justo a mi lado, pero en tu ausencia.
Tu nombre, me recuerda que sigo siendo un hombre.
Y tú no sabes eso. Tú no sabes que al acostarme, te deseo buenas noches para consolarme.
Para sentirme contigo. Para soñar que sigo vivo.
Para sonreír en la oscuridad de la habitación que es un tempano sin tu presencia.
Y a veces, a veces lloro con el corazón, porque me siento impotente.
De arrebatarle a la distancia los kilómetros y verte.
Verme en tus ojos y creerme el más dichoso de los esposos.
Pero en cuanto recobro la realidad. Tú no sabes que duele.
Porque yo nací poeta y no quiero morir sin antes oír las hermosas letras de tu nombre.
Amanda, tú no sabes cuánto, cuanto te extraño.
Exprimo mi fuerza en mis puños de hombre.
Y me siento débil, cuando al fin acepto que no estás presente.
Y eso, no lo sabes. Como no sabes que la soledad hiere.
Y no es mi culpa haber nacido poeta.
Los poetas somos sensibles, porque no somos superhéroes.
Somos solo hombres, advenedizos. Destinados a vivir marginados.
Y yo, me siento a veces abandonado, por tu juicio.
Y tú no sabes eso.
Así como no sabes cuánto, cuanto, cuanto te amo.
Autor: Angel EC Chub