rodrigotoro
Poeta adicto al portal
¿No sabes, mi amor, que me torturan los recuerdos,
y su perlescente infamia corrompe mi quietud,
con la lacónica y fría generosidad del ataúd
con sofismos, cantares, y sardónicos lamentos?
¿No recuérdas que tocamos sempiterno firmamento
con las alas, nuestra risa, y el sudor acompasado,
dilucidando toda pasión, en un resumen indomado,
con las estrellas de testigo, en marginal renacimiento?
¿No sabes que mi ser terminó por consumir,
se desgarró mi piel, se reventó mi alma,
y ya no se compadece la irónica calma
de mi incesante llorar, de mi loco sufrir?
¿No sabes, mi niño, que escribimos un pentagrama
un pergamino de pasión que al tiempo es perenne,
con la tinta de nuestros cuerpos, y fogosidad indeleble,
cuyo sello nos encadena al infierno y sus campanas
concadenados en oscuridad, pecado y deseo,
con la venia de lo prohibido y el veto de la sociedad,
derogado todo vestigio de eso que llaman temeridad,
en un acto de divinidad, que fue más que un juego ?
No sabes que existo en rebeldía,
en impúdica y flagrante locura:
Renegando de toda hermosura
que perturbe la supremacía,
de tu imagen en mi corazón,
cuyo relieve encripta todo sentido:
mutilando mis pétalos con el olvido
y condenándome a la sin razón.
tampoco sabes que asfixian los segundos,
y el rostro del sol no me puede iluminar.
Y ningún alimento, mi hambre saciar,
y toda esta sed, y La falta de rumbo;
Que me hundo inerte en voraz abismo,
y la sádica soledad esclaviza mis sentidos;
La ausencia de tu aroma, necropsia cada latido
pues sin ti, mi amor, solo soy yo mismo.
No sabes, mi niño, que todo ya es diferente:
Solo soy un delincuente, un fugitivo perseguido.
¿Cómo no pudiste saber que por ti cambió mi destino
y en tus brazos de dulzura, se sacramentó mi muerte?
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