Ezegaleon
Poeta recién llegado
Larga ausencia poderosa fue el vestigio de tu nombre
que ni siquiera la casualidad sabía cómo sonaba.
Fue la invasión del tiempo la que consume los recuerdos,
la que olvida para siempre, pero te invita en la mañana.
Dónde estabas tú, recuerdo? Dónde estabas tú, caprichosa?
Cuando los inviernos azotaron la debilidad de mi pecho
y las caricias desvanecidas no podían contener la agonía
que propone la fría calma de tu ausencia silenciosa.
El mismo tiempo que te aleja de mí dolorosamente,
aquel mismo que en su juego nos gana y nos envejece,
que al igual que tú es tan irrecuperable, ese mismo tiempo
revive con las emociones y te devuelve hoy a mi mente.
Tan hermosa como una estrella, de la misma forma
tuve que admirarte solitario en la distancia.
Te miré con los ojos húmedos llenos de tristeza
colmados de lágrimas nacidas del fondo de mis ansias.
Larga ausencia que extrañaba, creí que me había olvidado,
que eras con tus labios la creadora de los ecos que lastiman.
Porque lastiman. Aunque solo recuerde un nombre
es en él donde residen las historia que no se olvidan.
Pero sin querer mi boca dejo caer tu nombre
en una charla que mantuve con mi soledad.
Aparecida de la nada, atravesando el alma,
en una distracción que aprovecho la fragilidad.
Nombre de mi ocaso prometo no pronunciarte
a menos que un descuido me gane en la mañana.
En mi desarraigado mundo más duelen las heridas
que no se ven que aquellas que dejan una marca.
que ni siquiera la casualidad sabía cómo sonaba.
Fue la invasión del tiempo la que consume los recuerdos,
la que olvida para siempre, pero te invita en la mañana.
Dónde estabas tú, recuerdo? Dónde estabas tú, caprichosa?
Cuando los inviernos azotaron la debilidad de mi pecho
y las caricias desvanecidas no podían contener la agonía
que propone la fría calma de tu ausencia silenciosa.
El mismo tiempo que te aleja de mí dolorosamente,
aquel mismo que en su juego nos gana y nos envejece,
que al igual que tú es tan irrecuperable, ese mismo tiempo
revive con las emociones y te devuelve hoy a mi mente.
Tan hermosa como una estrella, de la misma forma
tuve que admirarte solitario en la distancia.
Te miré con los ojos húmedos llenos de tristeza
colmados de lágrimas nacidas del fondo de mis ansias.
Larga ausencia que extrañaba, creí que me había olvidado,
que eras con tus labios la creadora de los ecos que lastiman.
Porque lastiman. Aunque solo recuerde un nombre
es en él donde residen las historia que no se olvidan.
Pero sin querer mi boca dejo caer tu nombre
en una charla que mantuve con mi soledad.
Aparecida de la nada, atravesando el alma,
en una distracción que aprovecho la fragilidad.
Nombre de mi ocaso prometo no pronunciarte
a menos que un descuido me gane en la mañana.
En mi desarraigado mundo más duelen las heridas
que no se ven que aquellas que dejan una marca.
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