Tu partida.

rafael tato

Poeta fiel al portal



El día
que tú te marchaste de la vida
se dispersó la distancia,
los sueños se cuajaron
en soles sumergidos,
enjambres de tinieblas
ahogaron tu dulce fragancia.


Ese día
se desgarró la pureza del alba,
incontrolables las ansias brotaron dementes,
la sombra de tristeza, inerte y conturbada
invadía los recintos espectrales de mi mente.


Una hoguera de lava y sangre
danzó en mis venas
comprimiendo lo humano
hasta extinguirlo;
la sombra total del asedio
me desgarraba
penetrando en mi alma
con espada de doble filo.


La suma del tiempo
sin luz, distancia, ni reverso,
inclemente arrastraba
la eternidad del sufrimiento,
tu nombre quedaba escrito
en la memoria de mi pena,
mi cuerpo se doblaba
en la penumbra de mis huesos.


El día que tú te marchaste
la noche con su torso negro
se cubrió de frío,
retinas de serpientes
se posaban en mi mente,
lágrimas caían de mis ojos
embriagadas de estío.


Ay! Mujer,
aún tu cuerpo y espíritu
en mí soberanos
destellan el fiel optimismo
que la vida nos dona;
en tiempo irreversible de dolor
y quebranto humano,
jamás en mí tuvo el amor
tanto ¡Valor y corona!



Tato Ospina
DRA
Colombia
 
Última edición:



El día que tú te marchaste,
de la vida se dispersó la distancia,
los sueños se cuajaron en soles sumergidos,
enjambres de tinieblas, ahogaron tu dulce fragancia.


Ese día, se desgarró la pureza del alba,
incontrolables las ansias brotaron dementes,
la sombra de tristeza, inerte y conturbada,
invadía los recintos espectrales de mi mente.


Una hoguera de lava y sangre danzó en mis venas,
comprimiendo lo humano hasta extinguirlo,
la sombra total del asedio me desgarraba,
penetrando en mi alma, con espada de doble filo.


La suma del tiempo, sin luz, distancia ni reverso,
inclemente arrastraba la eternidad del sufrimiento,
tu nombre quedaba escrito en la memoria de mi pena,
mi cuerpo se doblaba, en la penumbra de mis huesos.


El día que tú te marchaste,
la noche con su torso negro se cubrió de frío,
retinas de serpientes se posaban en mi mente,
lágrimas caían de mis ojos, embriagadas de estío.


Ay! Mujer; aún tu cuerpo y espíritu en mí soberanos,
destellan el fiel optimismo que la vida nos dona,
en tiempo irreversible de dolor y quebranto humano,
jamás en mí, tuvo el amor, tanto ¡Valor y corona!



Tato Ospina
DRA
Colombia
Sentido, bello y por momentos conmovedor poema, me ha gustado mucho amigo Tato. Un abrazo. Paco.
 

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