Tu universo llovió en mi cien.
Hasta los huesos
sin piedad penetró, y ahí metido
fue dolor, fue ironía
supe... que no eras tú.
Libres y suaves capas hermanadas
te ocultaban de la necesidad que tenía
de descubrirte transparente
pero debajo de ellas, tu piel
no estaba.
Habías huido, dejándome
lo que quería ver y sentir.
Arrodilladas a mis pies, tus lágrimas
morían recitando la sorpresa
y enmudeciendo palabras
en la fulminante mirada
de tu adiós.
Me estremecí.
Hasta los huesos
sin piedad penetró, y ahí metido
fue dolor, fue ironía
supe... que no eras tú.
Libres y suaves capas hermanadas
te ocultaban de la necesidad que tenía
de descubrirte transparente
pero debajo de ellas, tu piel
no estaba.
Habías huido, dejándome
lo que quería ver y sentir.
Arrodilladas a mis pies, tus lágrimas
morían recitando la sorpresa
y enmudeciendo palabras
en la fulminante mirada
de tu adiós.
Me estremecí.