joseantonio
Poeta recién llegado
En el arroyo inclinada
tú reflejo al paisaje agrada,
de súbito te levantaste
y tu tez al sol, brillaste.
Me acerqué cauteloso para estar a tú vera
y tu belleza, ¡ah! tu belleza, era una primavera
ya a tu lado, me decidí hablarte,
todavía algo temeroso por preguntarte.
¿será tú alma algún día mía?
¿podrán reflejarse juntos nuestros cuerpos mortales qué yo descubría?
¿me dirás esa palabra sagrada, amor?
y yo al final te miré con candor.
Tú silencio, fue para mí una eternidad,
me miraste, sonreíste y con serenidad
me dijiste: me incline al río porque vi tu imagen
y la brillantez del sol fue tu alma,
donde en este infinito cielo nuestro amor convergen.
tú reflejo al paisaje agrada,
de súbito te levantaste
y tu tez al sol, brillaste.
Me acerqué cauteloso para estar a tú vera
y tu belleza, ¡ah! tu belleza, era una primavera
ya a tu lado, me decidí hablarte,
todavía algo temeroso por preguntarte.
¿será tú alma algún día mía?
¿podrán reflejarse juntos nuestros cuerpos mortales qué yo descubría?
¿me dirás esa palabra sagrada, amor?
y yo al final te miré con candor.
Tú silencio, fue para mí una eternidad,
me miraste, sonreíste y con serenidad
me dijiste: me incline al río porque vi tu imagen
y la brillantez del sol fue tu alma,
donde en este infinito cielo nuestro amor convergen.