Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjame abierto tu sueño
y una almohada salina.
Ésa, de tus lágrimas.
Desdobla unas caricias
que el hoy está frío
sin su ayer candente.
Déjame abierto tu sueño
y un beso insolente
de los que no diste.
Pon, un clavel de amor
de cuando me amabas;
el menos marchito.
Déjame abierto tu sueño
cual tu rosa tórrida
y su tacto tibio.
Da, a tu hoy arbitrado,
mi alivio de embiste
recurrente y firme.
Déjame abierto tu sueño,
que entre tus dos lunas
me torne sosiego.
Di, cuando amanezca,
buen día a tu dueño;
quién me cree vencido.
Déjame abierto tu sueño
de nuevo esta noche...
o ya no me sueñes.
y una almohada salina.
Ésa, de tus lágrimas.
Desdobla unas caricias
que el hoy está frío
sin su ayer candente.
Déjame abierto tu sueño
y un beso insolente
de los que no diste.
Pon, un clavel de amor
de cuando me amabas;
el menos marchito.
Déjame abierto tu sueño
cual tu rosa tórrida
y su tacto tibio.
Da, a tu hoy arbitrado,
mi alivio de embiste
recurrente y firme.
Déjame abierto tu sueño,
que entre tus dos lunas
me torne sosiego.
Di, cuando amanezca,
buen día a tu dueño;
quién me cree vencido.
Déjame abierto tu sueño
de nuevo esta noche...
o ya no me sueñes.
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