Era tu voz,
profunda
como el tiempo
que deslumbró mis noches sin cordura,
el diapasón preciso
para la cópula del sol y de la luna.
Era tu voz,
sonoridad de estreno frente al día
obstinado en tristezas,
la que esperaba hallar después de la tormenta
alumbrando mi nombre
como un himno.
Era tu voz
el río
que se ríe de sí mismo
jugando a conjugarse entre los labios.
Era tu voz
la que buscaba
buscando despertarme de las sombras,
el puente a la indulgencia
en respuesta al agravio
inmerecido.
No era tu voz
la que asaltó
en mi oído humillado,
relámpago en mis huesos,
golpeándome la sangre.
En dónde estabas tú
esa noche de octubre de ciudades perdidas,
de cuerpos extraviados
y tempestad temblando en mis espaldas.
Naufragado
clamaba por tu voz
y no llegó
tu voz
para salvarme.
profunda
como el tiempo
que deslumbró mis noches sin cordura,
el diapasón preciso
para la cópula del sol y de la luna.
Era tu voz,
sonoridad de estreno frente al día
obstinado en tristezas,
la que esperaba hallar después de la tormenta
alumbrando mi nombre
como un himno.
Era tu voz
el río
que se ríe de sí mismo
jugando a conjugarse entre los labios.
Era tu voz
la que buscaba
buscando despertarme de las sombras,
el puente a la indulgencia
en respuesta al agravio
inmerecido.
No era tu voz
la que asaltó
en mi oído humillado,
relámpago en mis huesos,
golpeándome la sangre.
En dónde estabas tú
esa noche de octubre de ciudades perdidas,
de cuerpos extraviados
y tempestad temblando en mis espaldas.
Naufragado
clamaba por tu voz
y no llegó
tu voz
para salvarme.
::