Este poema tan personal está dedicado a alguien muy especial para mí, cuyo nombre no voy a mencionar aquí. Espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo lo hice escribiéndolo.
Bailarina candente
de hielo y mies
que veneras las manos
y odias los pies.
Es tu aroma una noche
que me despierta
y a la vez me derrite
con sus caretas.
Y es tu voz ese cofre
donde se encierran,
bailarina candente,
mil primaveras.
Bailarina candente
de ahora y después
que veneras las manos
y odias los pies.
Bailarina atrayente
de cien palabras,
de cien nombres extraños
bajo la almohada
cuando enciendes tus ojos
de madrugada
¿eres pez o eres cisne
entre la escarcha?
Bailarina candente,
dorso y envés,
que veneras las manos
y odias los pies.
Bailarina candente
de cien gaviotas
de rostro alambicado,
de tristes sombras,
quiero ser por tu danza
parco en derrotas
bailarina de nieve,
ardiente diosa.
Bailarina candente,
(uno, dos, tres)
que veneras las manos
y odias los pies.
Déjame que te observe
mi colombina,
tus dos pies deslizando,
eterna niña.
Y tu boca morada
siempre atrevida,
bailarina candente,
fiel bailarina.
Bailarina candente,
de hielo y mies
que veneras las manos
y odias los pies.
Madrid, primavera de 2011.
Bailarina candente
de hielo y mies
que veneras las manos
y odias los pies.
Es tu aroma una noche
que me despierta
y a la vez me derrite
con sus caretas.
Y es tu voz ese cofre
donde se encierran,
bailarina candente,
mil primaveras.
Bailarina candente
de ahora y después
que veneras las manos
y odias los pies.
Bailarina atrayente
de cien palabras,
de cien nombres extraños
bajo la almohada
cuando enciendes tus ojos
de madrugada
¿eres pez o eres cisne
entre la escarcha?
Bailarina candente,
dorso y envés,
que veneras las manos
y odias los pies.
Bailarina candente
de cien gaviotas
de rostro alambicado,
de tristes sombras,
quiero ser por tu danza
parco en derrotas
bailarina de nieve,
ardiente diosa.
Bailarina candente,
(uno, dos, tres)
que veneras las manos
y odias los pies.
Déjame que te observe
mi colombina,
tus dos pies deslizando,
eterna niña.
Y tu boca morada
siempre atrevida,
bailarina candente,
fiel bailarina.
Bailarina candente,
de hielo y mies
que veneras las manos
y odias los pies.
Madrid, primavera de 2011.
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