poetakabik
Poeta veterano en el portal
Tú, extremo de mi eternidad,
iceberg de mis sueños,
te acercas, me hablas
ahuyentando la inquietud y el miedo.
Amaneces en mí
y tu sol devora las sombras de mi camino,
disipa la niebla de mi amanecer,
das vida a mi prado
donde las margaritas asoman la cabeza
y te saludan.
Un coro de amapolas
salpicadas de rocío
sale a tu paso y te abraza
ofreciendo toda su fragilidad.
Un arco iris
se forma sobre tu cabeza
dando majestad
a esa gratitud inmensurable
que eres tú.
Me miras
y tus ojos me dejan ver a través de ellos,
más allá de ti,
allí donde sólo tú puedes mirar,
donde albergas todo lo que hay en ti,
donde la claridad es total
y no se necesita luz para ver,
porque el sol es eterno.
Me abres tu alma
igual que una rosa abre sus pétalos al sol,
sin condiciones,
para que la contemple
en toda su belleza.
Para que me sacie
del espectáculo de sentimientos
que circula en su interior.
Embriagado por ellos
vuelvo a tu mirada,
y nuestros ojos susurran
te quiero.
Mientras nuestros labios
intercambian el néctar maravilloso del amor,
ese beso
que nos hace caminar al límite
del horizonte
que separa el amor de la pasión.
Abrasa nuestros cuerpos
lanzándolos al éxtasis incomparable
de donde nunca quisiéramos salir,
acompañados
por los susurros de nuestros corazones.
Y nos amamos
fundiendo nuestros cuerpos
en la pieza escultural
que tantos maestros han soñado.
Delicada escultura
que surge distinta a cada instante,
abrazándose a la solemnidad
de la grandeza que respiramos
cuando hacemos el amor.
Ni el infinito es capaz
de dar cabida a tanta dulzura,
y la paz tan delicada
colgada del hilo que nos une
nos hace amarnos más.
iceberg de mis sueños,
te acercas, me hablas
ahuyentando la inquietud y el miedo.
Amaneces en mí
y tu sol devora las sombras de mi camino,
disipa la niebla de mi amanecer,
das vida a mi prado
donde las margaritas asoman la cabeza
y te saludan.
Un coro de amapolas
salpicadas de rocío
sale a tu paso y te abraza
ofreciendo toda su fragilidad.
Un arco iris
se forma sobre tu cabeza
dando majestad
a esa gratitud inmensurable
que eres tú.
Me miras
y tus ojos me dejan ver a través de ellos,
más allá de ti,
allí donde sólo tú puedes mirar,
donde albergas todo lo que hay en ti,
donde la claridad es total
y no se necesita luz para ver,
porque el sol es eterno.
Me abres tu alma
igual que una rosa abre sus pétalos al sol,
sin condiciones,
para que la contemple
en toda su belleza.
Para que me sacie
del espectáculo de sentimientos
que circula en su interior.
Embriagado por ellos
vuelvo a tu mirada,
y nuestros ojos susurran
te quiero.
Mientras nuestros labios
intercambian el néctar maravilloso del amor,
ese beso
que nos hace caminar al límite
del horizonte
que separa el amor de la pasión.
Abrasa nuestros cuerpos
lanzándolos al éxtasis incomparable
de donde nunca quisiéramos salir,
acompañados
por los susurros de nuestros corazones.
Y nos amamos
fundiendo nuestros cuerpos
en la pieza escultural
que tantos maestros han soñado.
Delicada escultura
que surge distinta a cada instante,
abrazándose a la solemnidad
de la grandeza que respiramos
cuando hacemos el amor.
Ni el infinito es capaz
de dar cabida a tanta dulzura,
y la paz tan delicada
colgada del hilo que nos une
nos hace amarnos más.