Carlos José Pedrosa Navas
Poeta recién llegado
Me encariñé con su estampa,
pues ahí vi todo y nada,
fugaz dulce goteo que advertí,
en tu mirada...
La rana disgusta tu verdad,
para que seguir quizás,
si me empujan a desvelar,
todas mis caras...
Mas allá hay dolor,
pero gracias por tu bendición,
que con mucho placer,
confundí en el balcón.
Tus ojos grandes tu tez azulada,
para que mas me dijo,
y yo, encariñada...
tus ojos, tu tez poblada.
Contigo soñé,
y vi tu estampa,
pues no quise más, me dije,
de aquella mirada...
Pues ahora defiendo a capa y espada,
recorriendo el terreno arriba y abajo,
ahora defiendo tu posada,
usted mi reina, junto a su rey.
Ya me fui y más no recordé,
pero siempre en mi corazón,
esta usted, pues aún sin moverme,
sigo defendiendo su fe…
pues ahí vi todo y nada,
fugaz dulce goteo que advertí,
en tu mirada...
La rana disgusta tu verdad,
para que seguir quizás,
si me empujan a desvelar,
todas mis caras...
Mas allá hay dolor,
pero gracias por tu bendición,
que con mucho placer,
confundí en el balcón.
Tus ojos grandes tu tez azulada,
para que mas me dijo,
y yo, encariñada...
tus ojos, tu tez poblada.
Contigo soñé,
y vi tu estampa,
pues no quise más, me dije,
de aquella mirada...
Pues ahora defiendo a capa y espada,
recorriendo el terreno arriba y abajo,
ahora defiendo tu posada,
usted mi reina, junto a su rey.
Ya me fui y más no recordé,
pero siempre en mi corazón,
esta usted, pues aún sin moverme,
sigo defendiendo su fe…