versus
Poeta recién llegado
ÚLTIMA PLEGARIA
Se quedó dormido en las paredes del tiempo
con su eco infinito de espuma
- como cascabeles que suenan intermitentes
en el dolor y la dicha de sus bahías y acantilados-,
y sus olas se ciñen a los viajeros
enredándose en la oculta profecía de un puerto,
en el suspiro de un adiós,
en el aroma de marismas y yodo,
en el horizonte de una mirada fundida
hasta agotar el ocaso.
Tú, mar, sin nombrarte siquiera,
empiezas donde acaban mis nostalgias;
velas la noche y el día;
eres labio de sal,
arquitecto del reflejo
de la bóveda estrellada
cada vez que se arrodilla la tarde ante tu espejo,
en la esperanza contada con mis dedos.
Desde este sur aterciopelado
como amapolas de pasión epistolar,
cuando extiendes tus brazos sedosos de levante
y el sol no encuentra arista donde romperse;
un rumor de coral,
firma nuestro pacto de sangre.
Ya no te pediré más
que me devuelvas el hijo que me quitaste.
Carlos Gargallo
Se quedó dormido en las paredes del tiempo
con su eco infinito de espuma
- como cascabeles que suenan intermitentes
en el dolor y la dicha de sus bahías y acantilados-,
y sus olas se ciñen a los viajeros
enredándose en la oculta profecía de un puerto,
en el suspiro de un adiós,
en el aroma de marismas y yodo,
en el horizonte de una mirada fundida
hasta agotar el ocaso.
Tú, mar, sin nombrarte siquiera,
empiezas donde acaban mis nostalgias;
velas la noche y el día;
eres labio de sal,
arquitecto del reflejo
de la bóveda estrellada
cada vez que se arrodilla la tarde ante tu espejo,
en la esperanza contada con mis dedos.
Desde este sur aterciopelado
como amapolas de pasión epistolar,
cuando extiendes tus brazos sedosos de levante
y el sol no encuentra arista donde romperse;
un rumor de coral,
firma nuestro pacto de sangre.
Ya no te pediré más
que me devuelvas el hijo que me quitaste.
Carlos Gargallo
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