Kabuki
Poeta recién llegado
Ultraviolencia: Marica
Marica, te matan por marica,
aún te vistas de terno,
de bombín, te untes el tupé,
aún tengas tu chalet,
o un BMW, te matan por marica.
Esa santa inquisición
de niñotes Calvin Klein te atan
a un árbol y con un bate
te revientan los riñones.
Hmm. Hmm. Ellos te meten
al auto y te torturan
arrancándote las uñas
y sajándote los pómulos.
Una marca, una huella de vaca.
Te botan y ruedas por la arboleda.
En tus lagrimas de desesperación,
nadie acude, al contrario,
un torrente de ofensas:
Mira, Rosita, como se retuerce, el rarito.
Ay, si, Se lo merece comadrita,
dicen que para con el tal Lucho.
No te importa, pero tú si les importas,
te lanzan piedras, nueva Magdalena,
expresan su homofobismo
en ti. Llaman al 911 municipal,
y te tildan de drogadicto,
solo por tener tus ojos de cristal.
Vidriosos por el maltrato,
rajados por la injustica. La sociedad
del chisme destila sus miedos
en ti. A patadas como el animal.
A dedos índices en el hipotálamo.
Pasan 40 min, para que suene la
sirena. Cuidado, señores, cuidado, ¿ah?
Marica, te matan por marica.
Después de la golpiza moral,
al diablo, la psíquica llega, donde
tú tienes razón. Te recoges, te levantas,
te sacudes el saco,
prendes como si nada un cigarrillo,
y entre esas hienas hambrientas
de ver jodido al alter,
lanzas una bocanada de humo,
vociferando con cojones:
marica, ¿y que? ¿Y que?
aún te vistas de terno,
de bombín, te untes el tupé,
aún tengas tu chalet,
o un BMW, te matan por marica.
Esa santa inquisición
de niñotes Calvin Klein te atan
a un árbol y con un bate
te revientan los riñones.
Hmm. Hmm. Ellos te meten
al auto y te torturan
arrancándote las uñas
y sajándote los pómulos.
Una marca, una huella de vaca.
Te botan y ruedas por la arboleda.
En tus lagrimas de desesperación,
nadie acude, al contrario,
un torrente de ofensas:
Mira, Rosita, como se retuerce, el rarito.
Ay, si, Se lo merece comadrita,
dicen que para con el tal Lucho.
No te importa, pero tú si les importas,
te lanzan piedras, nueva Magdalena,
expresan su homofobismo
en ti. Llaman al 911 municipal,
y te tildan de drogadicto,
solo por tener tus ojos de cristal.
Vidriosos por el maltrato,
rajados por la injustica. La sociedad
del chisme destila sus miedos
en ti. A patadas como el animal.
A dedos índices en el hipotálamo.
Pasan 40 min, para que suene la
sirena. Cuidado, señores, cuidado, ¿ah?
Marica, te matan por marica.
Después de la golpiza moral,
al diablo, la psíquica llega, donde
tú tienes razón. Te recoges, te levantas,
te sacudes el saco,
prendes como si nada un cigarrillo,
y entre esas hienas hambrientas
de ver jodido al alter,
lanzas una bocanada de humo,
vociferando con cojones:
marica, ¿y que? ¿Y que?