sara0305
Poeta fiel al portal
Aprendí a vivir sin ti
porque me quedé viviendo contigo.
Había una vez una mujer
que amaba a una estatua
en cuyo interior creía-
se escondía su amado muerto.
Le gustaba voltear al espejo
para descubrir el otro lado del reflejo
se quedaba horas conversando
con ese punto lejano y yerto.
Cuando el punto se transformaba en rostro
(en su mente parecía una gota
descorriéndose en un mar de sombras)
-Lloraba- era el mismo semblante del pasado
pero en sus facciones no estallaba
el amor dantesco que tanto daño
les había infligido con el tiempo.
¿Me amas? Le preguntaba al reflejo
Los ojos tiesos imitaban a un parpadeo
y con una voz parecida al cemento
Le respondía sin doblegarse.
Ella lo sabía,
Era la misma respuesta
burbujeando en su propia sangre.
Había una vez una mujer
que amaba a una estatua
reflejada en un espejo
en cuyo interior creía-
se encontraba su amado muerto.
Tanto, tanto lo amó
que llegó un día,
en que al ver su propio cuerpo
le pareció tan cansado y viejo;
a diferencia de la imagen amada
Intacta al pasar del tiempo.
¿Me amas? Le preguntó al espejo
Ya lo sabía -musitó-
y se quedó dormida
-abrazando-
al amado reflejo.
El rostro del espejo sintió mucho miedo
sin su eterna amante, desaparecería
el orgullo cayó como un pájaro muerto,
con dedos temblorosos dibujó en el cristal:
ya no
te
siento
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La estatua comenzó a astillarse
Hasta dejar al descubierto
Al mismo rostro,
sin ese grande amor protegiéndolo.
Comprendió entonces, solo entonces
Las palabras de su eterna mártir:
Aprendí a vivir sin ti
Porque me quedé viviendo contigo
Había una vez una estatua
que amaba a una mujer .
Sara Montaño
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