Edith Elvira Colqui Rojas
Poeta recién llegado
Una hora para ponerme el sombrero de la risa,
para limpiar el parabrisas de mis errores,
para ofrecer naranjas de amistad
a cualquier transeúnte.
Afuera aún no amanece.
Pienso en mi hora,
en las noches en vela,
en sus ojos turbados de melancolía,
en su pasión de Gólgota despierto.
Pero mi hora no se acaba:
puedo alimentar su fogón
con estas letras,
con esta voluntad de acero.
El mechero de mi hora se consume,
como la vela de mi mesa.
El aire se enrarece
y sigo elucubrando
qué matices darle a sus últimos minutos:
una nueva risa,
un juego de naipes,
una obra de arte con voz.
¿En qué momento la vida
se me redujo a una hora?
Y aquí estoy,
en sus últimos minutos:
río, lloro, me asombro,
descarrilada,
meciéndome en su éxtasis,
en su plenitud,
en la euforia de su comida exquisita.
Viviré su última chispa,
viviré plena,
para no sentir el bocado de su muerte.
Edith Elvira Colqui Rojas
para limpiar el parabrisas de mis errores,
para ofrecer naranjas de amistad
a cualquier transeúnte.
Afuera aún no amanece.
Pienso en mi hora,
en las noches en vela,
en sus ojos turbados de melancolía,
en su pasión de Gólgota despierto.
Pero mi hora no se acaba:
puedo alimentar su fogón
con estas letras,
con esta voluntad de acero.
El mechero de mi hora se consume,
como la vela de mi mesa.
El aire se enrarece
y sigo elucubrando
qué matices darle a sus últimos minutos:
una nueva risa,
un juego de naipes,
una obra de arte con voz.
¿En qué momento la vida
se me redujo a una hora?
Y aquí estoy,
en sus últimos minutos:
río, lloro, me asombro,
descarrilada,
meciéndome en su éxtasis,
en su plenitud,
en la euforia de su comida exquisita.
Viviré su última chispa,
viviré plena,
para no sentir el bocado de su muerte.
Edith Elvira Colqui Rojas