Tu crees
que tengo un buen bosque
que la luz que ciega no penetra.
Un refugio sin lágrimas
donde el fuego siempre tiene
más leña preparada.
Un espacio
donde no existe sed ni hambre
donde mis manos no tiemblan
porque las nubes
no se ven.
Tu crees
que tengo un buen bosque.
Hay noches
en las que ciego corto leña
con el dolor lacerante
del sueño impropio.
Luego hago fuego
a pesar de tener que dictarle
a cada llama
que angustia quemar.
No tengo sed
porque me he bebido
todas las lágrimas
como quién bebe
de las esperanzas
su jugo.
No veo nubes, pero fíjate
tampoco cielo.
Todo mi interior
profunda oscuridad
he tenido que hacer nuevo
para que el sol
oculto
no se muera.
Tu crees
que tengo un buen bosque.
El precario bosque
es prisión
fabricada desde adentro
entrelazando mis vidas.
Para mí
cada una de ellas
es semilla
y te la he mostrado
con manos temblorosas.
Semilla
que acaricio con firmeza
arrullándola entre mis dedos
como si jugara con el mundo
por última vez.
De ellas debían nacer
amor y compromiso
pero no ha nacido más que encierro
del que espero
aunque sea un buen bosque
algún día me rescates.