Un cuervo verde

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Arietes silenciosos parecían mis palabras

cuando trataba de convencerte

de que no era un cuervo verde

en medio de tanta pluma celeste.


Por no mirar los espejos,

por no creer en la suerte,

por usar calcetines de lana

y sentarme a ver como

caen las tardes siempre,

creíste que era diferente.


Un cuervo verde en medio

de tanta pluma celeste

por reír cuando llueve

y quedarme quieto

con las noches quietas

para escuchar a tus pestañas conversar.


Creíste que era diferente por escuchar

y por no decirte nada

cuando no querías hablar

o cuando no te querías levantar,

yo miraba desde lejos siempre

tu postura de pensar

y esa bata de dudas

que te solías colocar

cuando blanqueaba el silencio

y la costumbre nos empezó a visitar.


Que habito el tuyo de hacerme pensar,

que habito el tuyo de no quererme mirar

cuando me hago el distraído

y me muevo con cuidado por tus bordes

que amenazan con cortar,

que habito el tuyo de hacerme esperar

y forzarme a memorizar

cada una de las ventanas

de este lugar.


Que habito el tuyo de amurallarte

en los cojines y no dejarme entrar,

hasta que tuve que aprenderme tu espalda

por no tener nada más que mirar,

cuando revoloteaba

sobre la lámpara

como el cuervo verde que te has de imaginar.


Ahora puedo decirte

que me hizo bien volar

y que aquel cuervo verde

que venciste,

hoy es un cisne por que

cambiaron los ojos


y son otros,

y puedo escuchar conversar sus

pestañas cada noche ,

y desde que te fuiste

ya no son dos

los calcetines de lana

los que se ven por mi ventana

cada vez que llega la tarde

ahora son cuatro

y los cuatro son celestes.


Aun no conozco su espalda

yo solo la siento al abrazarla,

y eso me basta.



 
Última edición:
Arietes silenciosos parecían mis palabras

cuando trataba de convencerte

de que no era un cuervo verde

en medio de tanta pluma celeste.


Por no mirar los espejos,

por no creer en la suerte,

por usar calcetines de lana

y sentarme a ver como

caen las tardes siempre,

creíste que era diferente.


Un cuervo verde en medio

de tanta pluma celeste

por reír cuando llueve

y quedarme quieto

con las noches quietas

para escuchar a tus pestañas conversar.


Creíste que era diferente por escuchar

y por no decirte nada

cuando no querías hablar

o cuando no te querías levantar,

yo miraba desde lejos siempre

tu postura de pensar

y esa bata de dudas

que te solías colocar

cuando blanqueaba el silencio

y la costumbre nos empezó a visitar.


Que habito el tuyo de hacerme pensar,

que habito el tuyo de no quererme mirar

cuando me hago el distraído

y me muevo con cuidado por tus bordes

que amenazan con cortar,

que habito el tuyo de hacerme esperar

y forzarme a memorizar

cada una de las ventanas

de este lugar.


Que habito el tuyo de amurallarte

en los cojines y no dejarme entrar,

hasta que tuve que aprenderme tu espalda

por no tener nada más que mirar,

cuando revoloteaba

sobre la lámpara

como el cuervo verde que te has de imaginar.


Ahora puedo decirte

que me hizo bien volar

y que aquel cuervo verde

que venciste,

hoy es un cisne por que

cambiaron los ojos


y son otros,

y puedo escuchar conversar sus

pestañas cada noche ,

y desde que te fuiste

ya no son dos

los calcetines de lana

los que se ven por mi ventana

cada vez que llega la tarde

ahora son cuatro

y los cuatro son celestes.


Aun no conozco su espalda

yo solo la siento al abrazarla,

y eso me basta.



Me ha gustado mucho este poema amigo Claudio, a tu ingenio habitual se le suma una idea original y bien desarrollada con tu gran sensibilidad para la poesía. Un abrazo. Paco.
 
Gracias Paco Valiente, un abrazo para ti. Si la verdad estas cosas salen derrepente y quien mas que otro poeta entiende como es esto de los chispazos que estamos obligados a escribir, sean bueno o malos, pero hay que sacarlos y convertirlos en versos.

Saludos amigo.
 
Arietes silenciosos parecían mis palabras

cuando trataba de convencerte

de que no era un cuervo verde

en medio de tanta pluma celeste.


Por no mirar los espejos,

por no creer en la suerte,

por usar calcetines de lana

y sentarme a ver como

caen las tardes siempre,

creíste que era diferente.


Un cuervo verde en medio

de tanta pluma celeste

por reír cuando llueve

y quedarme quieto

con las noches quietas

para escuchar a tus pestañas conversar.


Creíste que era diferente por escuchar

y por no decirte nada

cuando no querías hablar

o cuando no te querías levantar,

yo miraba desde lejos siempre

tu postura de pensar

y esa bata de dudas

que te solías colocar

cuando blanqueaba el silencio

y la costumbre nos empezó a visitar.


Que habito el tuyo de hacerme pensar,

que habito el tuyo de no quererme mirar

cuando me hago el distraído

y me muevo con cuidado por tus bordes

que amenazan con cortar,

que habito el tuyo de hacerme esperar

y forzarme a memorizar

cada una de las ventanas

de este lugar.


Que habito el tuyo de amurallarte

en los cojines y no dejarme entrar,

hasta que tuve que aprenderme tu espalda

por no tener nada más que mirar,

cuando revoloteaba

sobre la lámpara

como el cuervo verde que te has de imaginar.


Ahora puedo decirte

que me hizo bien volar

y que aquel cuervo verde

que venciste,

hoy es un cisne por que

cambiaron los ojos


y son otros,

y puedo escuchar conversar sus

pestañas cada noche ,

y desde que te fuiste

ya no son dos

los calcetines de lana

los que se ven por mi ventana

cada vez que llega la tarde

ahora son cuatro

y los cuatro son celestes.


Aun no conozco su espalda

yo solo la siento al abrazarla,

y eso me basta.
hermoso verso, pero te digo que nunca vi un Cuervo Verde, salvo que sea una metáfora?
 

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