gilbran
Ernesto Salgari
Veo los flecos tornasoles
de tus iris
desplegados en la mitad
de un día desolado
o apretados los mismos
en el destello de los astros,
en noche de bohemia.
Extendí con poemas
las fronteras de tu carne
y elevé una oración al vino santo
que tumbó tus caderas
en esa vieja y húmeda
mesa de cantina.
Me anticipé al tiempo que no espera
y se hace torbellino entre cadenas y presidio,
intentando,
una vez más;
abrir la tierra
con mis manos
y exhumar
a los muertos
que no han muerto,
y yacen confusos
y hurgando
en la penumbra sus recuentos.
El ayer
acaricia mi frente
con mil gemidos tuyos,
flotan en el aire
para recordarme
cuánta lírica viciosa
planté entre tus senos
y enmoheció dulce en mis labios.
Caias de bruces a mi aliento
Y alli ,
latías como un
minúsculo y llameante
universo.
inmolándonos
hasta el primer
fulgor de cada amanecer.
Hoy,
desde aquí,
desde estas
mesas y sillas raidas,
desde estas copas
y espejos fantasmales
vengo a ofrendártelo todo,
Y sin tener nada;
a penas,
dos o tres monedas en desuso
y el deseo inmutable de algún día,
el menos pensado,
volvernos a ver.
de tus iris
desplegados en la mitad
de un día desolado
o apretados los mismos
en el destello de los astros,
en noche de bohemia.
Extendí con poemas
las fronteras de tu carne
y elevé una oración al vino santo
que tumbó tus caderas
en esa vieja y húmeda
mesa de cantina.
Me anticipé al tiempo que no espera
y se hace torbellino entre cadenas y presidio,
intentando,
una vez más;
abrir la tierra
con mis manos
y exhumar
a los muertos
que no han muerto,
y yacen confusos
y hurgando
en la penumbra sus recuentos.
El ayer
acaricia mi frente
con mil gemidos tuyos,
flotan en el aire
para recordarme
cuánta lírica viciosa
planté entre tus senos
y enmoheció dulce en mis labios.
Caias de bruces a mi aliento
Y alli ,
latías como un
minúsculo y llameante
universo.
inmolándonos
hasta el primer
fulgor de cada amanecer.
Hoy,
desde aquí,
desde estas
mesas y sillas raidas,
desde estas copas
y espejos fantasmales
vengo a ofrendártelo todo,
Y sin tener nada;
a penas,
dos o tres monedas en desuso
y el deseo inmutable de algún día,
el menos pensado,
volvernos a ver.
Última edición: