Miguel Feria
Poeta recién llegado
“ Un día ocurrirá, y no dirás que no he avisado…”
Los paseos por el pequeño muelle del Puerto de
Güimar a aquella hora de la tarde siempre daban la
impresión de que algo inesperado podría ocurrir.
Era el lugar donde “ellos” ajustaban cuentas.
Desde el momento en que moría la tarde y los
bañistas desandaban su camino hacia el pueblo, todo
cambiaba , como cambiaba el color de la tarde y las
olas que golpeaban la vieja escalera de piedra. Y allí
estaba . Envuelta en un amasijo de musgo y
desechos, sin vida ni nada a que apegarse, una
mano inerte que mostraba su patético saludo fuera
del agua. Me acerqué al último escalón y traté de
arrimarla con el bastón hacia mí. Cuando pude al fin
acercarla, cobró vida y me aferró con fuerza,
haciéndome perder el equilibrio. Aterrado, caí al
agua… Entonces recordé :”Un día ocurrirá y no
dirás que no he avisado…”
Los paseos por el pequeño muelle del Puerto de
Güimar a aquella hora de la tarde siempre daban la
impresión de que algo inesperado podría ocurrir.
Era el lugar donde “ellos” ajustaban cuentas.
Desde el momento en que moría la tarde y los
bañistas desandaban su camino hacia el pueblo, todo
cambiaba , como cambiaba el color de la tarde y las
olas que golpeaban la vieja escalera de piedra. Y allí
estaba . Envuelta en un amasijo de musgo y
desechos, sin vida ni nada a que apegarse, una
mano inerte que mostraba su patético saludo fuera
del agua. Me acerqué al último escalón y traté de
arrimarla con el bastón hacia mí. Cuando pude al fin
acercarla, cobró vida y me aferró con fuerza,
haciéndome perder el equilibrio. Aterrado, caí al
agua… Entonces recordé :”Un día ocurrirá y no
dirás que no he avisado…”