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un grito de cenizas

SRH

Poeta fiel al portal
En su torre de brasas, mi pecho cantaba,
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.

Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.

Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.

Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.

No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.

Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.
 
En su torre de brasas, mi pecho cantaba,
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.

Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.

Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.

Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.

No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.

Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.
Me gustan los poemas que expresan de manera intensa los temas del amor y la pérdida.
Que bueno es sentir que el amor a pesar de sus momentos más oscuros, sigue siendo un faro de luz perpetuo.

Saludos
 
Aunque el amor ha pasado por la pérdida, el dolor y la oscuridad, no se apaga ni se desvanece. Lejos de rendirse o degradarse, el amor se transforma en una fuerza luminosa, poderosa y eterna. Su presencia persiste como un fuego sagrado que, aunque herido, sigue ardiendo en el alma. Es un amor que, aun en su ocaso, brilla con dignidad, intensidad y trascendencia, convirtiéndose en una llama que nunca deja de iluminar desde lo profundo del ser.

Un gusto leerlo y comentar

Saludos cordiales
 
En su torre de brasas, mi pecho cantaba,
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.

Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.

Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.

Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.

No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.

Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.

Hermosas letras poeta un placer disfrutar de su lectura.
Un fuerte abrazo.

 
Aunque el amor ha pasado por la pérdida, el dolor y la oscuridad, no se apaga ni se desvanece. Lejos de rendirse o degradarse, el amor se transforma en una fuerza luminosa, poderosa y eterna. Su presencia persiste como un fuego sagrado que, aunque herido, sigue ardiendo en el alma. Es un amor que, aun en su ocaso, brilla con dignidad, intensidad y trascendencia, convirtiéndose en una llama que nunca deja de iluminar desde lo profundo del ser.

Un gusto leerlo y comentar

Saludos cordiales
Muchas gracias por tu sentido comentario. Gracias por tu tiempo y lectura.
Saludos cordiales.
 
En su torre de brasas, mi pecho cantaba,
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.

Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.

Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.

Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.

No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.

Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.
Maravilla de poema supernova. Un placer leerte.
 
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