En su torre de brasas, mi pecho cantaba,
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.
Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.
Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.
Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.
No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.
Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.
un océano de fuego que la luna mimaba.
Sus rayos tejían constelaciones de sueños,
hilos de aurora en un tapiz de cielo.
Cada latido, un trueno o un destello,
mi mundo era un bosque donde solaz daba.
Mas llegó la sombra, un viento de espinas,
y el adiós me abrazó con sus garras divinas.
Apagó las mareas, secó la alborada,
dejó mi faro en ruinas, la noche abismada.
Y el amor, herido, no quiso ser bruma,
no mendigó en la niebla ni rogó en las esquinas.
Se alzó como un río que al volcán se entrega,
un relámpago roto que el firmamento niega.
Se inmoló en mi pecho, un cometa en picada,
su llama danzando, su gloria encendida.
No fue derrota, fue un sol que estalló,
un grito de cenizas que al cosmos voló
sus escombros aún arden, carbones que gimen,
estrellas caídas que en mi alma aún brillan.
Porque el amor, aunque en sombras perdido,
es un faro que quema, eternamente vivo.