danie
solo un pensamiento...
Un mutismo derriba los muros de las sombras,
son las voces del silencio que claman por tu nombre,
una vigilia acecha el tiempo de una lágrima,
un anhelo desnuda los ropajes del llanto,
un beso se fuga de mis labios
para encontrarse con tu piel de centellas del alba.
La soledad está tomando un café
a la vuelta de la esquina,
esperando la cita con mi destino,
el reloj de polvo detiene el tiempo en un suspiro,
esperando que dicha soledad se canse de esperar
o se marche con el clon de mi huella y su céfiro.
El día se detiene en los labios de la luna
y coquetea con la leche nívea de sus mejillas,
la luna y el tiempo son los aliados de tu silueta divina.
La noche nos saca una fotografía,
para guardarnos como un retrato en un marco de sueños,
para que nos acobije con su regazo en la niebla del recuerdo.
Tú estás vestida de cisne de fieltro,
con plumas de pétalos en las pupilas,
con llamaradas de arena en tu piel ebúrnea,
con labios de arrecifes y océanos.
Yo te abrazo con mis manos de adobe y arcilla,
te sonrío con mi rostro de margarita
y espero la colisión de un beso entre las corolas y el cielo.
Un beso de felpa
que selle los segundos dentro de un cofre eterno,
una caricia que derrita a los astros de piedra,
un lazo que ligue la noche al suelo
y luego la sepulte por siempre en nuestro lecho.
Así el día no volverá y, tú, ya no partirás.
son las voces del silencio que claman por tu nombre,
una vigilia acecha el tiempo de una lágrima,
un anhelo desnuda los ropajes del llanto,
un beso se fuga de mis labios
para encontrarse con tu piel de centellas del alba.
La soledad está tomando un café
a la vuelta de la esquina,
esperando la cita con mi destino,
el reloj de polvo detiene el tiempo en un suspiro,
esperando que dicha soledad se canse de esperar
o se marche con el clon de mi huella y su céfiro.
El día se detiene en los labios de la luna
y coquetea con la leche nívea de sus mejillas,
la luna y el tiempo son los aliados de tu silueta divina.
La noche nos saca una fotografía,
para guardarnos como un retrato en un marco de sueños,
para que nos acobije con su regazo en la niebla del recuerdo.
Tú estás vestida de cisne de fieltro,
con plumas de pétalos en las pupilas,
con llamaradas de arena en tu piel ebúrnea,
con labios de arrecifes y océanos.
Yo te abrazo con mis manos de adobe y arcilla,
te sonrío con mi rostro de margarita
y espero la colisión de un beso entre las corolas y el cielo.
Un beso de felpa
que selle los segundos dentro de un cofre eterno,
una caricia que derrita a los astros de piedra,
un lazo que ligue la noche al suelo
y luego la sepulte por siempre en nuestro lecho.
Así el día no volverá y, tú, ya no partirás.
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