Nadie se ha hundido
en el letargo de la aurora,
para mirar tu alma desde la orilla.
Justo desde ese costado
donde la lluvia brilla y juega
sobre tu pelo recién lavado.
Y tu sonrisa que rima con la vida.
Y tu tiempo de flores y coronas.
Y tu bondad y tu alegría…
Me muevo por el cauce repentino
de esta pasión febril,
feroz, convicta, clandestina.
Si hasta parece que tu ternura
clausuró al invierno.
Y esa estrella que emerge
de tu pecho hacia el cielo,
desbordó en un instante
la amplitud del terreno.
Jugando como juegas
al otoño en primavera.
Dejando ver tu risa
recostada en las manos,
en la mesa, en el pueblo,
dibujada en papeles,
germinando en el viento…
Y en ese viento
de alas, de poetas, de sombreros.
Un mismo corazón se alza,
posado a la vanguardia,
caminando este suelo.
en el letargo de la aurora,
para mirar tu alma desde la orilla.
Justo desde ese costado
donde la lluvia brilla y juega
sobre tu pelo recién lavado.
Y tu sonrisa que rima con la vida.
Y tu tiempo de flores y coronas.
Y tu bondad y tu alegría…
Me muevo por el cauce repentino
de esta pasión febril,
feroz, convicta, clandestina.
Si hasta parece que tu ternura
clausuró al invierno.
Y esa estrella que emerge
de tu pecho hacia el cielo,
desbordó en un instante
la amplitud del terreno.
Jugando como juegas
al otoño en primavera.
Dejando ver tu risa
recostada en las manos,
en la mesa, en el pueblo,
dibujada en papeles,
germinando en el viento…
Y en ese viento
de alas, de poetas, de sombreros.
Un mismo corazón se alza,
posado a la vanguardia,
caminando este suelo.