praga
Poeta recién llegado
En los tiempos que corren no hay
lugar para que ella me acuse o para que yo
la reprenda; en los tiempos que corren
el amor es una pequeña fiebre
que va y se te cura.
Una cabellera como la suya es extraña,
una sonrisa como la suya diluye cualquier escenario.
Yo la quería como a una conserje los gatos,
mi muñeca derecha aún tiene colgada un cencerro
como si fuera un gato.
Pero qué les voy a decir de ella, contarles
sus manías o su ondulante caminar
sobre la luz.
Su nombre pintado en los cerros ilumina la ciudad.
Su espalda tiene el sabor de una galaxia,
ya lo sé, uds. nunca han probado una galaxia
pero háganse a la idea.
Como ven, es difícil que lo entiendan.
uds. no saben nada sobre el amor.
Cómo me van a entender si les digo que una cerveza
a su lado era mas cerveza,
que las lechugas eran más azules
y las mañanas ¿más verdes?,
que estoy parado a su puerta porque la quiero.
¿Ven?, no entenderían nada del amor,
que cuando dices que no dices que sí, pero
no siempre te escuchan.
Cómo van a comprender que cada vez que miro
mi muñeca derecha la veo a ella,
sonriendo, diciéndome "ay contigo",
"te burlas de mí". y matándonos de risa.
Eran las tres de la tarde en Santa Fe, esquina
con Independientes. llovía.
lugar para que ella me acuse o para que yo
la reprenda; en los tiempos que corren
el amor es una pequeña fiebre
que va y se te cura.
Una cabellera como la suya es extraña,
una sonrisa como la suya diluye cualquier escenario.
Yo la quería como a una conserje los gatos,
mi muñeca derecha aún tiene colgada un cencerro
como si fuera un gato.
Pero qué les voy a decir de ella, contarles
sus manías o su ondulante caminar
sobre la luz.
Su nombre pintado en los cerros ilumina la ciudad.
Su espalda tiene el sabor de una galaxia,
ya lo sé, uds. nunca han probado una galaxia
pero háganse a la idea.
Como ven, es difícil que lo entiendan.
uds. no saben nada sobre el amor.
Cómo me van a entender si les digo que una cerveza
a su lado era mas cerveza,
que las lechugas eran más azules
y las mañanas ¿más verdes?,
que estoy parado a su puerta porque la quiero.
¿Ven?, no entenderían nada del amor,
que cuando dices que no dices que sí, pero
no siempre te escuchan.
Cómo van a comprender que cada vez que miro
mi muñeca derecha la veo a ella,
sonriendo, diciéndome "ay contigo",
"te burlas de mí". y matándonos de risa.
Eran las tres de la tarde en Santa Fe, esquina
con Independientes. llovía.
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