El Caballero Nival
Poeta recién llegado
Bienvenido al reino de la Tierra.
Tu tiempo aquí empezó.
Desde un divino lugar has venido
a emprender tu misión,
el gran viaje llamado vida.
La soledad ha quedado atrás,
ya verás a otros como tú,
que se emocionarán al verte,
al sentir tu sensible piel,
cual pétalo de flor es,
y al ver tus brillantes ojos,
capaces de reflejar el infinito,
y cuya mirada celestial
puede calmar tormentas.
Extraño te debes sentir,
debes extrañar ese calor,
el calor que se siente sólo una vez,
y que quizás ya no sentirás.
Siempre estuviste en el mismo lugar,
ese tan confortable lugar,
donde apenas nos oías,
donde oías del sol,
el mar y las estrellas.
Aún no los has visto,
pero ya conocerás su gloria,
al lado de tu héroe personal
al que llamarás padre,
y con esa divina mujer,
que vas a llamar madre.
Esa mujer que te llamó,
y te dio el aliento de vida...
Una lágrima recorre su rostro,
tan sólo de tenerte cerca,
tan sólo de recordar,
recordar esos gratos momentos
en que habitabas dentro de ella,
dentro de esa coraza de piel
que retiene a su alma,
alma que te cuidaba,
te brindaba calor,
y aún lo hará, pero ahora,
quizás con más fuerza,
porque podrá decirte hijo,
podrá darte la bienvenida
como te lo mereces...
Yo sé, que después de todo,
dentro de esa coraza,
sentiste siempre su amor...
Y sé, que abrirás tus alas,
te elevarás muy alto,
y alcanzarás el horizonte...
Tu tiempo aquí empezó.
Desde un divino lugar has venido
a emprender tu misión,
el gran viaje llamado vida.
La soledad ha quedado atrás,
ya verás a otros como tú,
que se emocionarán al verte,
al sentir tu sensible piel,
cual pétalo de flor es,
y al ver tus brillantes ojos,
capaces de reflejar el infinito,
y cuya mirada celestial
puede calmar tormentas.
Extraño te debes sentir,
debes extrañar ese calor,
el calor que se siente sólo una vez,
y que quizás ya no sentirás.
Siempre estuviste en el mismo lugar,
ese tan confortable lugar,
donde apenas nos oías,
donde oías del sol,
el mar y las estrellas.
Aún no los has visto,
pero ya conocerás su gloria,
al lado de tu héroe personal
al que llamarás padre,
y con esa divina mujer,
que vas a llamar madre.
Esa mujer que te llamó,
y te dio el aliento de vida...
Una lágrima recorre su rostro,
tan sólo de tenerte cerca,
tan sólo de recordar,
recordar esos gratos momentos
en que habitabas dentro de ella,
dentro de esa coraza de piel
que retiene a su alma,
alma que te cuidaba,
te brindaba calor,
y aún lo hará, pero ahora,
quizás con más fuerza,
porque podrá decirte hijo,
podrá darte la bienvenida
como te lo mereces...
Yo sé, que después de todo,
dentro de esa coraza,
sentiste siempre su amor...
Y sé, que abrirás tus alas,
te elevarás muy alto,
y alcanzarás el horizonte...