Hugo Augusto
Poeta recién llegado
Necesito de tus fogosos labios, y de tus ardientes besos,
para que marquen todo mi cuerpo en una majestuosa obra
de amor fugaz. Así renaceré de mis cenizas sofocantes,
que el viento ha arrastrado por los campos de la agonía.
Te veo al caer la noche, en el reflejo de las pálidas aguas,
pero tu presencia se desvanece al paso del reloj de viento.
Un corazón funesto ya hace en mi pecho de títere sombrío,
que necesita de cuerdas ilusionarías para sostenerse en pie.
El rio lleva escandalosas corrientes, me recuerdan a tu voz,
mis oídos exigen silencio a un sonido descontrolado del recuerdo.
Los astros iluminan tu rostro en los cielos, destruyen mi cráneo,
ya hace allí mi esqueleto tendido por un recuerdo sofocante.
para que marquen todo mi cuerpo en una majestuosa obra
de amor fugaz. Así renaceré de mis cenizas sofocantes,
que el viento ha arrastrado por los campos de la agonía.
Te veo al caer la noche, en el reflejo de las pálidas aguas,
pero tu presencia se desvanece al paso del reloj de viento.
Un corazón funesto ya hace en mi pecho de títere sombrío,
que necesita de cuerdas ilusionarías para sostenerse en pie.
El rio lleva escandalosas corrientes, me recuerdan a tu voz,
mis oídos exigen silencio a un sonido descontrolado del recuerdo.
Los astros iluminan tu rostro en los cielos, destruyen mi cráneo,
ya hace allí mi esqueleto tendido por un recuerdo sofocante.