F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Un recurso ante la muerte
A veces se cuentan chistes
referidos a leperos
como si fueran criaturas
de escasos conocimientos.
Yo quiero reivindicar
que en todas partes hay cuentos
de inocencia y candidez,
de listillos y catetos,
y que son las circunstancias
las que definen los hechos
que, a veces, son de los sabios
y, a veces, son de leperos,
sin que ello signifique
que carezcan de talento.
Y al hilo de lo que digo
me contaron este cuento
referente a lo ocurrido
a un matrimonio lepero
que demuestra cómo surge
la inocencia o el ingenio
de forma tan natural
en cuanto llega el momento:
Me dicen que cierta noche
que estaban los dos durmiendo
se despertaron, de pronto,
ante un rüido que oyeron.
La mujer llamó al marido
(pues ella lo oyó primero)
y con sigilo y prudencia
al centro del ruido fueron
intentando sorprender
al intruso ladronzuelo
que estaba “afanando” cosas
y en un saco iba metiendo
(como unos cuadros y joyas)
-¿Qué hace usted?-le dijeron.
-¡Ea!,Mire usted, yo quería
robar algunos objetos,
¡sólo robar!, pero como...
como me habéis descubierto...
¡Y sólo venía a robar...!
pero... con este ajetreo...
que me habéis visto la cara
no me queda más remedio
que mataros a los dos!
Como soy un caballero
empiezo por la señora,
y aseguro que lo siento:
¿Cómo se llama, señora?
-María de los Remedios-
respondió con gran aplomo
aunque botaban sus nervios.
-¡Vaya por Dios! ¡Qué fastidio!
Lo que es matarla no puedo
por llamarse de igual forma,
María de los Remedios,
que es el nombre de mi madre.
Y siendo lo que más quiero...
no puedo hacerle... ni daño
acepte, pues, mis afectos.
¡En fin! usted se ha salvado.
Y volviéndose al lepero
le pregunta de igual forma
aunque agravando su acento:
-¿Cuál es el nombre de usted?
El hombre, muerto de miedo,
con el temblor en las piernas
y un cierto tartamudeo,
responde: -Mi nombre es Juan,
aunque todos en el pueblo
me conocen y me llaman...
María de los Remedios.
A veces se cuentan chistes
referidos a leperos
como si fueran criaturas
de escasos conocimientos.
Yo quiero reivindicar
que en todas partes hay cuentos
de inocencia y candidez,
de listillos y catetos,
y que son las circunstancias
las que definen los hechos
que, a veces, son de los sabios
y, a veces, son de leperos,
sin que ello signifique
que carezcan de talento.
Y al hilo de lo que digo
me contaron este cuento
referente a lo ocurrido
a un matrimonio lepero
que demuestra cómo surge
la inocencia o el ingenio
de forma tan natural
en cuanto llega el momento:
Me dicen que cierta noche
que estaban los dos durmiendo
se despertaron, de pronto,
ante un rüido que oyeron.
La mujer llamó al marido
(pues ella lo oyó primero)
y con sigilo y prudencia
al centro del ruido fueron
intentando sorprender
al intruso ladronzuelo
que estaba “afanando” cosas
y en un saco iba metiendo
(como unos cuadros y joyas)
-¿Qué hace usted?-le dijeron.
-¡Ea!,Mire usted, yo quería
robar algunos objetos,
¡sólo robar!, pero como...
como me habéis descubierto...
¡Y sólo venía a robar...!
pero... con este ajetreo...
que me habéis visto la cara
no me queda más remedio
que mataros a los dos!
Como soy un caballero
empiezo por la señora,
y aseguro que lo siento:
¿Cómo se llama, señora?
-María de los Remedios-
respondió con gran aplomo
aunque botaban sus nervios.
-¡Vaya por Dios! ¡Qué fastidio!
Lo que es matarla no puedo
por llamarse de igual forma,
María de los Remedios,
que es el nombre de mi madre.
Y siendo lo que más quiero...
no puedo hacerle... ni daño
acepte, pues, mis afectos.
¡En fin! usted se ha salvado.
Y volviéndose al lepero
le pregunta de igual forma
aunque agravando su acento:
-¿Cuál es el nombre de usted?
El hombre, muerto de miedo,
con el temblor en las piernas
y un cierto tartamudeo,
responde: -Mi nombre es Juan,
aunque todos en el pueblo
me conocen y me llaman...
María de los Remedios.
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