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Un río de olvido-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué cruzamos

sino un río de olvido

en qué latitud

cómo rezan los beatos

los libidinosos secundarios

la vida ausente, la muerte

reverente, a la que tantos

tiemblan, en qué hermosa

e insondable tiniebla

erguí mi tributo y homenaje,

propietaria del cielo.

Qué río cruzamos

sino el del olvido y el miedo.

Acumulábamos indigencias

trasegábamos cuerpos resplandecientes

nalgas deslumbrantes se abrían

a nuestro inmenso corazón adolescente.

Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos

inercias de nieve, tuercas de tiniebla,

donde desaparecían

los calidoscopios del buitre leonado, oh

amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido

de la tierra inmóvil-.



©
 
Qué cruzamos

sino un río de olvido

en qué latitud

cómo rezan los beatos

los libidinosos secundarios

la vida ausente, la muerte

reverente, a la que tantos

tiemblan, en qué hermosa

e insondable tiniebla

erguí mi tributo y homenaje,

propietaria del cielo.

Qué río cruzamos

sino el del olvido y el miedo.

Acumulábamos indigencias

trasegábamos cuerpos resplandecientes

nalgas deslumbrantes se abrían

a nuestro inmenso corazón adolescente.

Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos

inercias de nieve, tuercas de tiniebla,

donde desaparecían

los calidoscopios del buitre leonado, oh

amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido

de la tierra inmóvil-.



©
Te aventuraste prematuramente por el caudal del Lete. Un abrazo, BEN.
 
Qué cruzamos

sino un río de olvido

en qué latitud

cómo rezan los beatos

los libidinosos secundarios

la vida ausente, la muerte

reverente, a la que tantos

tiemblan, en qué hermosa

e insondable tiniebla

erguí mi tributo y homenaje,

propietaria del cielo.

Qué río cruzamos

sino el del olvido y el miedo.

Acumulábamos indigencias

trasegábamos cuerpos resplandecientes

nalgas deslumbrantes se abrían

a nuestro inmenso corazón adolescente.

Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos

inercias de nieve, tuercas de tiniebla,

donde desaparecían

los calidoscopios del buitre leonado, oh

amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido

de la tierra inmóvil-.



©
Todo río sabe donde empieza pero no donde termina según se va sucediendo. Tantos cambios puede sufrir su curso y el final aunque distinto al lógico e imaginado puede no estar mal. Me gustó tu poema, gracias por él y saludos afectuosos.
 
Qué cruzamos

sino un río de olvido

en qué latitud

cómo rezan los beatos

los libidinosos secundarios

la vida ausente, la muerte

reverente, a la que tantos

tiemblan, en qué hermosa

e insondable tiniebla

erguí mi tributo y homenaje,

propietaria del cielo.

Qué río cruzamos

sino el del olvido y el miedo.

Acumulábamos indigencias

trasegábamos cuerpos resplandecientes

nalgas deslumbrantes se abrían

a nuestro inmenso corazón adolescente.

Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos

inercias de nieve, tuercas de tiniebla,

donde desaparecían

los calidoscopios del buitre leonado, oh

amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido

de la tierra inmóvil-.



©

Sentir el Olvido al iniciar un rumbo que no se sabe de su final. la lógica se pierde pues
no comprendemos las situaciones posibles. me ha gustado. saludos de luzyabsenta
 
Sentir el Olvido al iniciar un rumbo que no se sabe de su final. la lógica se pierde pues
no comprendemos las situaciones posibles. me ha gustado. saludos de luzyabsenta



Dispénsame querido amigo si todavía no comprendo bien mis propias emociones. Algo que de un modo u otro se refleja en mis textos. Sin embargo vaya mi abrazo leal y mi sincera gratitud Luz..
 
Qué cruzamos

sino un río de olvido

en qué latitud

cómo rezan los beatos

los libidinosos secundarios

la vida ausente, la muerte

reverente, a la que tantos

tiemblan, en qué hermosa

e insondable tiniebla

erguí mi tributo y homenaje,

propietaria del cielo.

Qué río cruzamos

sino el del olvido y el miedo.

Acumulábamos indigencias

trasegábamos cuerpos resplandecientes

nalgas deslumbrantes se abrían

a nuestro inmenso corazón adolescente.

Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos

inercias de nieve, tuercas de tiniebla,

donde desaparecían

los calidoscopios del buitre leonado, oh

amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido

de la tierra inmóvil-.



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Qué magnificas letras , un gusto leerte poeta, un abrazo y un buen fin de semana tengas
 
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