Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Una palabra que acaricie tu pelo, más lenta
que los caracoles con que te deslizas en mi
memoria, cielo de Van Gogh en la leche del café
con cirros de nata, un grito de claridad
de tan lejano a mi laringe en tu no bosque
de árboles nudosos en la niebla del Auber
donde abandoné mi sombra hasta fosforecer adentro,
un silbido de faro que anda tras su luz con los ojos rotos
en tu nunca mar que se desata de sus abisales
sueños hasta coronar de galaxias sus fragorosas
crestas, un silencio primordial que recuerde
el decir del sol en tu ningún desierto al alba
donde nuestros espejismos anudan sus lenguas
en un dialecto de dunas arremolinadas.
O hacer un barco con este papel estéril, jamás
en blanco, y botarlo con mi boca a bordo, con mi boca
y el cuerpo que arrastra, botarlo en la noche encendida
que se desprende del rumor de tus bucles, Liliana,
heno de ahuehuete con los pies mojados,
y llegar a los malecones del Carmen que ensanchas
de nitidez cuando los miras con la añoranza de llegar
al atardecer de un domingo entre semana,
esperarte ahí como si yo fuera lo que tú esperaras
al bajar del tren, como si tú también precisaras
pronunciar mi boca con un adjetivo para callarla
de su angustia de besos, porque ninguna sabe decir
tus crines de yegua del aire, menos tus ojos,
jinetes de mi mirada, y lo mucho que yo te quiero.
que los caracoles con que te deslizas en mi
memoria, cielo de Van Gogh en la leche del café
con cirros de nata, un grito de claridad
de tan lejano a mi laringe en tu no bosque
de árboles nudosos en la niebla del Auber
donde abandoné mi sombra hasta fosforecer adentro,
un silbido de faro que anda tras su luz con los ojos rotos
en tu nunca mar que se desata de sus abisales
sueños hasta coronar de galaxias sus fragorosas
crestas, un silencio primordial que recuerde
el decir del sol en tu ningún desierto al alba
donde nuestros espejismos anudan sus lenguas
en un dialecto de dunas arremolinadas.
O hacer un barco con este papel estéril, jamás
en blanco, y botarlo con mi boca a bordo, con mi boca
y el cuerpo que arrastra, botarlo en la noche encendida
que se desprende del rumor de tus bucles, Liliana,
heno de ahuehuete con los pies mojados,
y llegar a los malecones del Carmen que ensanchas
de nitidez cuando los miras con la añoranza de llegar
al atardecer de un domingo entre semana,
esperarte ahí como si yo fuera lo que tú esperaras
al bajar del tren, como si tú también precisaras
pronunciar mi boca con un adjetivo para callarla
de su angustia de besos, porque ninguna sabe decir
tus crines de yegua del aire, menos tus ojos,
jinetes de mi mirada, y lo mucho que yo te quiero.
26 de marzo de 2022