Alejandro Figueroa
Poeta recién llegado
Como una llamarada con bouquet
A árbol de camelia
Los colores del camino forman
Una flecha que no falla
Cuando queda tu mano con aquel
Trozo de roca iluminada.
Los musgos olvidados calcan las estrellas
De tus líneas sobre huellas de otoño
En el empañado de ese vidrio
Dejando esos ojos como un espejo
En el columpio de azucenas
Donde juegan las aves de plumaje eterno.
Hacen un triangulo de puntos rojos,
Cada uno es un cráter
Con cálido cristal de Venus
Donde estallan los trazos fugaces
Y nace el rostro que con boca de pez
Llama a la mujer de aquella sombra.
Desde las esquinas del ingenio
Parpadean lámparas en palmatorias,
Y la transparencia de esa obra
Que el cristal imanto de sus manos
Hoy es la luna o llave de tubo
Que se trasluce a merced del alma.
A árbol de camelia
Los colores del camino forman
Una flecha que no falla
Cuando queda tu mano con aquel
Trozo de roca iluminada.
Los musgos olvidados calcan las estrellas
De tus líneas sobre huellas de otoño
En el empañado de ese vidrio
Dejando esos ojos como un espejo
En el columpio de azucenas
Donde juegan las aves de plumaje eterno.
Hacen un triangulo de puntos rojos,
Cada uno es un cráter
Con cálido cristal de Venus
Donde estallan los trazos fugaces
Y nace el rostro que con boca de pez
Llama a la mujer de aquella sombra.
Desde las esquinas del ingenio
Parpadean lámparas en palmatorias,
Y la transparencia de esa obra
Que el cristal imanto de sus manos
Hoy es la luna o llave de tubo
Que se trasluce a merced del alma.
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