MiguelEsteban
ÚNICO
Huye la opaca sombra del latido
sin abrir el cielo rasgado sin nombre
con su violeta vertido y la yerta tierra
con su aliento encendido
en lumbre quieta en rayo de silueta
la rosa quiebra, la boca arde
rueda el sentido gira en su ávido pío,
doblado el compás y rítmo
de la noche para sentirte mi cariño,
baila mi llama entretiene el rocío
de tu pestaña que te resalta
en el pecho agarrada
querer de la espiral encarnada,
gota del alma incendiada,
sobria, atenuada, mi hora muerta
en la sílaba de la dicha,
en el amor sin espina siente su brasa,
ruge aquella opaca sombra
no quiere luz ni color sólo ser,
siempre sombra eterna, inventada,
del corazón amada,
el ser donde lo bonito ausente la esencia,
emana inusitada traviesa su ventisca
mordida en nuestro sueño sin prisa
vestida rutilante caricia,
el hueso de la luna cruje
nuestra rosa de dos almas besada,
nos hacemos cómplices
de las piedras de aquel cielo sin nombre
que vivió en nuestros ojos enamorados.
El Castellano y Leannán-Sídhe