papereyes
Poeta recién llegado
Eduardo Galeano una vez escribió: “El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.” Entonces, la violencia de género no es más que un círculo sin fin del ser humano al miedo del otro y a su vez de sí mismo. Hecho que, prolíficamente, es una absoluta verdad. Pero, ésta verdad en lugar de ser proclamada y enfrentada de forma apropiada, se expresa mediante más violencia y se acepta que lo que debe ser de una forma, lo será ayer, hoy y mañana porque así es como se supone que debe ser.
Cuando pienso en la violencia de género, inevitablemente, lo que primero cruza mis pensamientos es la violencia hacia las mujeres. Quizás en estos tiempos al concepto se lo utilice con demasiada ligereza, se lo infravalore y frivolice, ya que, para muchos, es un tema “común” y aceptado por una sociedad injusta. Pero, ¿Qué fundamenta, qué origina y promulga la violencia hacia las mujeres? Se puede considerar que la respuesta más abarcadora sería: el sexismo. La creencia pura de estamentos que exaltan desventajas y discriminaciones contra las mujeres, hacia sus posibilidades, sus pensamientos, sus futuros y la forma en que elijan vivir su vida. Una vida que es suya y no es propiedad de nadie más… ¿cierto?
El sexismo no se funda únicamente en la forma física si no que también en la psíquica, sexual y social. Las mujeres desde niñas padecen un sexismo psíquico, por ejemplo; La sociedad proclama, acepta y consume sin arrepentimientos una enseñanza de estamentos crueles de diferenciación entre los sexos, desde la básica expresión que el ser humano experimenta como lo es el jugar. ¿Por qué una niña debe únicamente recrearse con juguetes que proyectan a un futuro de lo que ellas deberán ser? ¿Por qué éste futuro desembarca en roles uniformes, sin expansión a la diversidad? ¿Por qué está mal visto que una niña se sienta atraída a otros tipos de juguetes que no coincidan con los patrones establecidos?
No obstante los, hombres también sufren los mismos maltratos por parte de la sociedad, la cual defiende y valora, hasta imponer, la forma en la que deben comportarse, y lo que es considerado, bajo su manto, debido e indebido de hacer. La sociedad inculca a los mismos que el sexismo es un hecho correcto, digno y justo.
Las mujeres desde tiempos incontables, sufren la denigración por parte de los hombres, que por considerarse “superiores” a las mismas, creen que es correcto categorizar a las mujeres por la forma en que se visten y a la vez también creer que lo que ellas puedan llegar a vestir, que la forma de sus cuerpos, que sus relaciones amorosas las definan de manera leal y verdadera, de creer que es apropiado alentar la injusticia en cuanto a posibilidades laborales, económicas y políticas para ellas, de creer que es preciso denominar al otro sexo inferior, débil e incapaz, de creer que es adecuado negar lo más fundamental de la humanidad que es la igualdad.
Pero el sexismo no se desprende únicamente de parte de los hombres, también existen mujeres que dispuestas demuestran su apoyo hacia el sexismo, que lo defienden y utilizan como escudo protector para ellas mismas y para juzgar a quienes discrepen con su postura. Entonces, ¿Por qué ésas mujeres bajo su elección están haciéndolo? ¿Están verdaderamente conscientes de que se encuentran bajo el manto del sexismo libremente aceptado?
Mujeres, ¿Dependemos de los hombres? ¿Forman parte de nuestras elecciones y variables con respecto a nuestras posibilidades? ¿Los hombres rigen a las mujeres? Sería insensato negar que el sexismo también nos condiciona a las mujeres, directa o indirectamente, pero de cualquier modo, esto es ejercido repetitivamente. También sería imperdonable negar que estos hechos constantes perturban a la mujer, a la imagen que ésta tiene de sí misma, a su pasado y a lo que algún día pudiera llegar a irradiar.
También existen las inquebrantables etiquetas que se colocan sobre las mujeres, hecho profundamente discriminatorio, etiquetas que se basan en los estereotipos que adoptan de las miradas sexistas, ¿Una etiqueta tan trivial como: “linda” “gorda” “alta” puede realmente llegar a describirnos de forma personal? ¿Una vana etiqueta es capaz de colocarnos un valor como persona? ¿Somos vulnerables a conformarnos y creer ciertamente que estas etiquetas poseen tal poder sobre nosotros mismos? ¿Las personas están dispuestas a entregar su integridad para seguir a una colectividad destructiva que reclama tener razón por forma parte de la mayoría y ser predecesora?
Si nos detenemos a considerar soluciones para el sexismo, podemos encontrar como máxima fuente de lucha contra el mismo al feminismo. Es importante comprender que el feminismo, por su parte, no busca ni se basa en una guerra absurda entre sexos, para definir cuál es mejor o cuál es peor. El feminismo busca extinguir cualquier tipo de discriminación y desigualdad hacia las mujeres, como así también la que se ejerce sobre los hombres. Su objetivo es hallar la solución a un problema sin fronteras, que absolutamente todo ser, alguna vez en su vida lo padeció. El feminismo es la lucha de que todo ser reciba lo que es debido que posea, la igualdad.
Pero es imposible concebir un cambio resignándose a permitir que los arquetipos que promueven la desigualdad entre sexos nos guíen en nuestra vida cotidiana, en nuestras decisiones y acciones.
El sexismo definitivamente desata muchas controversias y desprestigios pero, es innegable que es un tema atemporal y masivamente importante. No es debido que sea un tema que no se considere sumamente primordial, no es debido que se acepte la desigualdad entre los sexos como si esto formase parte de lo mecánico del ser, no es debido que se minimice el daño fatal que causa esta discrepancia, no es debido no hacer absolutamente nada al respecto. Es debido contemplar esta problemática considerando todo lo que ella acarrea consigo, es debido notar todo el dolor que ella produce, es debido finalizar con este gran monstruo que alguna vez se inventó sólo para reconciliarnos con y entre nosotros mismos.
Cuando pienso en la violencia de género, inevitablemente, lo que primero cruza mis pensamientos es la violencia hacia las mujeres. Quizás en estos tiempos al concepto se lo utilice con demasiada ligereza, se lo infravalore y frivolice, ya que, para muchos, es un tema “común” y aceptado por una sociedad injusta. Pero, ¿Qué fundamenta, qué origina y promulga la violencia hacia las mujeres? Se puede considerar que la respuesta más abarcadora sería: el sexismo. La creencia pura de estamentos que exaltan desventajas y discriminaciones contra las mujeres, hacia sus posibilidades, sus pensamientos, sus futuros y la forma en que elijan vivir su vida. Una vida que es suya y no es propiedad de nadie más… ¿cierto?
El sexismo no se funda únicamente en la forma física si no que también en la psíquica, sexual y social. Las mujeres desde niñas padecen un sexismo psíquico, por ejemplo; La sociedad proclama, acepta y consume sin arrepentimientos una enseñanza de estamentos crueles de diferenciación entre los sexos, desde la básica expresión que el ser humano experimenta como lo es el jugar. ¿Por qué una niña debe únicamente recrearse con juguetes que proyectan a un futuro de lo que ellas deberán ser? ¿Por qué éste futuro desembarca en roles uniformes, sin expansión a la diversidad? ¿Por qué está mal visto que una niña se sienta atraída a otros tipos de juguetes que no coincidan con los patrones establecidos?
No obstante los, hombres también sufren los mismos maltratos por parte de la sociedad, la cual defiende y valora, hasta imponer, la forma en la que deben comportarse, y lo que es considerado, bajo su manto, debido e indebido de hacer. La sociedad inculca a los mismos que el sexismo es un hecho correcto, digno y justo.
Las mujeres desde tiempos incontables, sufren la denigración por parte de los hombres, que por considerarse “superiores” a las mismas, creen que es correcto categorizar a las mujeres por la forma en que se visten y a la vez también creer que lo que ellas puedan llegar a vestir, que la forma de sus cuerpos, que sus relaciones amorosas las definan de manera leal y verdadera, de creer que es apropiado alentar la injusticia en cuanto a posibilidades laborales, económicas y políticas para ellas, de creer que es preciso denominar al otro sexo inferior, débil e incapaz, de creer que es adecuado negar lo más fundamental de la humanidad que es la igualdad.
Pero el sexismo no se desprende únicamente de parte de los hombres, también existen mujeres que dispuestas demuestran su apoyo hacia el sexismo, que lo defienden y utilizan como escudo protector para ellas mismas y para juzgar a quienes discrepen con su postura. Entonces, ¿Por qué ésas mujeres bajo su elección están haciéndolo? ¿Están verdaderamente conscientes de que se encuentran bajo el manto del sexismo libremente aceptado?
Mujeres, ¿Dependemos de los hombres? ¿Forman parte de nuestras elecciones y variables con respecto a nuestras posibilidades? ¿Los hombres rigen a las mujeres? Sería insensato negar que el sexismo también nos condiciona a las mujeres, directa o indirectamente, pero de cualquier modo, esto es ejercido repetitivamente. También sería imperdonable negar que estos hechos constantes perturban a la mujer, a la imagen que ésta tiene de sí misma, a su pasado y a lo que algún día pudiera llegar a irradiar.
También existen las inquebrantables etiquetas que se colocan sobre las mujeres, hecho profundamente discriminatorio, etiquetas que se basan en los estereotipos que adoptan de las miradas sexistas, ¿Una etiqueta tan trivial como: “linda” “gorda” “alta” puede realmente llegar a describirnos de forma personal? ¿Una vana etiqueta es capaz de colocarnos un valor como persona? ¿Somos vulnerables a conformarnos y creer ciertamente que estas etiquetas poseen tal poder sobre nosotros mismos? ¿Las personas están dispuestas a entregar su integridad para seguir a una colectividad destructiva que reclama tener razón por forma parte de la mayoría y ser predecesora?
Si nos detenemos a considerar soluciones para el sexismo, podemos encontrar como máxima fuente de lucha contra el mismo al feminismo. Es importante comprender que el feminismo, por su parte, no busca ni se basa en una guerra absurda entre sexos, para definir cuál es mejor o cuál es peor. El feminismo busca extinguir cualquier tipo de discriminación y desigualdad hacia las mujeres, como así también la que se ejerce sobre los hombres. Su objetivo es hallar la solución a un problema sin fronteras, que absolutamente todo ser, alguna vez en su vida lo padeció. El feminismo es la lucha de que todo ser reciba lo que es debido que posea, la igualdad.
Pero es imposible concebir un cambio resignándose a permitir que los arquetipos que promueven la desigualdad entre sexos nos guíen en nuestra vida cotidiana, en nuestras decisiones y acciones.
El sexismo definitivamente desata muchas controversias y desprestigios pero, es innegable que es un tema atemporal y masivamente importante. No es debido que sea un tema que no se considere sumamente primordial, no es debido que se acepte la desigualdad entre los sexos como si esto formase parte de lo mecánico del ser, no es debido que se minimice el daño fatal que causa esta discrepancia, no es debido no hacer absolutamente nada al respecto. Es debido contemplar esta problemática considerando todo lo que ella acarrea consigo, es debido notar todo el dolor que ella produce, es debido finalizar con este gran monstruo que alguna vez se inventó sólo para reconciliarnos con y entre nosotros mismos.