Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Una flor en mis venas
Hojas bañadas de dorado color,
pequeños brotes verdes en ramas.
Llegó la primavera tan ansiada,
con su cálido sol.
Las moscas salen a pasear,
los chicos andan en bicicleta,
abejas y mariposas aletean coquetas.
Me gustaría que aquí estuvieras...
Para convidarte un mate
y tus ojos cafés admirar,
el castaño de tu pelo disfrutar,
en mi memoria guardarte.
Tu linda sonrisa de niña,
inocente, sin pizca de maldad,
alma noble y genuina,
afortunado me encuentro de tenerte, aunque físicamente a mi lado no estás.
Pero te siento, te huelo, escucho tu voz
al despertar, al caminar, al dormir,
al soñar, al leer, al escribir.
En cada brisa, en cada estrella, estás vos.
Firme como tu carácter, estás...
No te vas ni en las buenas ni en las malas noticias.
Me persigues sin darte cuenta;
sin noción, me besas y acaricias.
En cada bar, estación o donde me paro,
en cada azulada tormenta,
en cada húmeda tarde de lluvia intensa,
en el dibujo andante de una bandada de pájaros.
Zumban en mi cuerpo tus latidos,
encienden de repente un suspiro;
nadie a mi alrededor lo provoca;
aguardan mis labios por tu boca.
Ya mismo el jazmín me trae tu aroma...
De mi alma cae tu nombre rendido
sobre la hoja.
A la nochecita primaveral ya inminente,
otra madrugada sin tenerte me espera, y la secuencia infinita no cesa.
Cómo desearía tenerte, niña,
al menos una tarde,
esta primavera.
Hojas bañadas de dorado color,
pequeños brotes verdes en ramas.
Llegó la primavera tan ansiada,
con su cálido sol.
Las moscas salen a pasear,
los chicos andan en bicicleta,
abejas y mariposas aletean coquetas.
Me gustaría que aquí estuvieras...
Para convidarte un mate
y tus ojos cafés admirar,
el castaño de tu pelo disfrutar,
en mi memoria guardarte.
Tu linda sonrisa de niña,
inocente, sin pizca de maldad,
alma noble y genuina,
afortunado me encuentro de tenerte, aunque físicamente a mi lado no estás.
Pero te siento, te huelo, escucho tu voz
al despertar, al caminar, al dormir,
al soñar, al leer, al escribir.
En cada brisa, en cada estrella, estás vos.
Firme como tu carácter, estás...
No te vas ni en las buenas ni en las malas noticias.
Me persigues sin darte cuenta;
sin noción, me besas y acaricias.
En cada bar, estación o donde me paro,
en cada azulada tormenta,
en cada húmeda tarde de lluvia intensa,
en el dibujo andante de una bandada de pájaros.
Zumban en mi cuerpo tus latidos,
encienden de repente un suspiro;
nadie a mi alrededor lo provoca;
aguardan mis labios por tu boca.
Ya mismo el jazmín me trae tu aroma...
De mi alma cae tu nombre rendido
sobre la hoja.
A la nochecita primaveral ya inminente,
otra madrugada sin tenerte me espera, y la secuencia infinita no cesa.
Cómo desearía tenerte, niña,
al menos una tarde,
esta primavera.