Xisquio
Poeta recién llegado
Era hermosa la mañana, la estancia de nuestros recuerdo
dominaba la placentera calma mas alla del alcanze
de nuestras miradas perdidas en el horizonte.
La noche había sido perfecta entre risas, comidas y placeres,
fuimos los emperadores de un tiempo que no se pudo detener,
fuimos complices del momento en que la oscuridad roba al día
y coártamos el hurto entre locuras y vanidades pasionales.
La cena termino untada en nuestros cuerpos,
nuestras vestimentas eran el fiel reflejo de despedidas estudiantiles,
el fuego en la chimenea avivaba la tibieza
y la piel de oso, nos invitaba a posarnos en ella.
Los besos arreciabam entre pastas y camarones, y de nuestros cabellos
florecía el insipído aroma a vino de un año enigmatico
nos trasportabamos entre juegos, risa, caricias y ansias a punto de explotar.
Suavemente tome entre mis dientes un pequeño nudo que ataba
ese negro vestido que yacía pegado a tu piel,
tal vez humedo por el vino vertido o
quizas por la humedad que ya escapaba de cada poro,
clamando la posesión a un cuerpo ardiente.
Tú cuerpo no poseía ese aroma a rosas ni claveles,
era especial la degustación de mi boca en tu piel
como especial fuerón esos rasguños y gritos
cuando en tu reina bebí, ese trago de champaña.
Disfrutamos cada segundo de un exitado y extenso preámbulo,
eramos la acción contenida de una posesión inevitable que se veía venir,
jamas dimos tiempo al agotamiento, por que este fue,
nuestro delito de una noche programada.
dominaba la placentera calma mas alla del alcanze
de nuestras miradas perdidas en el horizonte.
La noche había sido perfecta entre risas, comidas y placeres,
fuimos los emperadores de un tiempo que no se pudo detener,
fuimos complices del momento en que la oscuridad roba al día
y coártamos el hurto entre locuras y vanidades pasionales.
La cena termino untada en nuestros cuerpos,
nuestras vestimentas eran el fiel reflejo de despedidas estudiantiles,
el fuego en la chimenea avivaba la tibieza
y la piel de oso, nos invitaba a posarnos en ella.
Los besos arreciabam entre pastas y camarones, y de nuestros cabellos
florecía el insipído aroma a vino de un año enigmatico
nos trasportabamos entre juegos, risa, caricias y ansias a punto de explotar.
Suavemente tome entre mis dientes un pequeño nudo que ataba
ese negro vestido que yacía pegado a tu piel,
tal vez humedo por el vino vertido o
quizas por la humedad que ya escapaba de cada poro,
clamando la posesión a un cuerpo ardiente.
Tú cuerpo no poseía ese aroma a rosas ni claveles,
era especial la degustación de mi boca en tu piel
como especial fuerón esos rasguños y gritos
cuando en tu reina bebí, ese trago de champaña.
Disfrutamos cada segundo de un exitado y extenso preámbulo,
eramos la acción contenida de una posesión inevitable que se veía venir,
jamas dimos tiempo al agotamiento, por que este fue,
nuestro delito de una noche programada.