Dijiste, que traías material…
esas letras,
para romper con esos muros,
que nos separan de nosotros mismos…
esos nuevos mundos, para rellenar la herida.
Condimentos de la escalada,
y un crujir de las simientes,
en la matemática de los trapecios.
Los circos de la última hora,
tras los recovecos de sus manos;
tras lechos de moscas,
o lechos de abrazos.
Decidme de esa mesa de juego,
donde desmenuzábamos,
de todos los colores el vientre;
del talismán, serpiente de sombra alada,
las resistencias de los árboles,
y esos abalorios,
que nos traen las espesuras.
Y su voz,
en cada revancha de músicos callejeros,
cafetales y rastrojos...
los ejercicios entre dientes,
y esas ceramistas,
que exigen más a nuestros lobos.
Con ecos de los molinos de tinta,
destapar ese rincón de migas clarividentes,
en nuestra taberna de las veinte dimensiones.
esas letras,
para romper con esos muros,
que nos separan de nosotros mismos…
esos nuevos mundos, para rellenar la herida.
Condimentos de la escalada,
y un crujir de las simientes,
en la matemática de los trapecios.
Los circos de la última hora,
tras los recovecos de sus manos;
tras lechos de moscas,
o lechos de abrazos.
Decidme de esa mesa de juego,
donde desmenuzábamos,
de todos los colores el vientre;
del talismán, serpiente de sombra alada,
las resistencias de los árboles,
y esos abalorios,
que nos traen las espesuras.
Y su voz,
en cada revancha de músicos callejeros,
cafetales y rastrojos...
los ejercicios entre dientes,
y esas ceramistas,
que exigen más a nuestros lobos.
Con ecos de los molinos de tinta,
destapar ese rincón de migas clarividentes,
en nuestra taberna de las veinte dimensiones.