Sara Guerrero
Poeta recién llegado
Una Mañana
Desperté una mañana,
tu presencia, siempre tibia
cubria un espacio
de mi cama vacía.
Mis labios estaban resecos;
como el desierto
sin el riego milagroso
de aquella lluvia invisible;
sólo los refrescaría tu roce.
Mis senos estaban algo marchitos,
como el rosal,
sin las manos cuidadosas del jardinero
que lo hacen florecer;
solo sería de nuevo
si los vuelves a enternecer.
Mis manos están inhertes;
como la estatua magnifica,
de la mujer que se vislumbra
en los jardines del Olimpo,
quizás hermosa pero sin vida;
sólo vivirían si las abrigaras
con las tuyas.
Desperté una mañana,
tu presencia, siquiera,
ya no estaba,
y me quedé dormida
entre sollozos
y mucho, amorfo, dolor;
quizás algún día desperte,
o dormí,
para nunca más volverlo a hacer.