atos
Poeta recién llegado
La bebí sin prisa,
sin medir palabras
como deshojando mil margaritas,
en distintos sorbos de calma.
Decidí tomarla lentamente,
A fin de no embriagar
mi pensamiento más frecuente,
provocarla de solo mirar.
Y quedándome tranquilo,
con mirada perdida y penetrante,
en un insinuar deje un hilo,
separando un instante de otro de amarle.
Dos besos más
me endulzaron al filo de su boca,
y la devoré besando el cristal
más sabroso de mi frágil copa.
Y me atreví a robar,
sus tragos más poseídos,
que me sugirieron en sus alas de mar,
caminar las costas de sus latidos.
Y me encontré de pronto en un vals,
con el brindis casi en los pies,
y con una mirada clara como el cristal
de la copa que lleve hasta el amanecer.
Después ella y ella se miraron,
y me miraron fijo a la vez,
y los tres en el brindis simulamos,
que nos miramos sin querer.
Y jugué con una y otra,
pero más la otra jugó conmigo,
porque la una se quedó mirando,
como la otra jugó a mi ritmo.
Y abandonando por segunda vez
el vicio de embriagarme,
deje la otra por la una
siguiendo el juego del canje.
Así se marcho la noche
entre mi copa de vino y mi dama,
sin recibir de alguna un reproche,
por darle a la otra mis alas.
ATOS.
sin medir palabras
como deshojando mil margaritas,
en distintos sorbos de calma.
Decidí tomarla lentamente,
A fin de no embriagar
mi pensamiento más frecuente,
provocarla de solo mirar.
Y quedándome tranquilo,
con mirada perdida y penetrante,
en un insinuar deje un hilo,
separando un instante de otro de amarle.
Dos besos más
me endulzaron al filo de su boca,
y la devoré besando el cristal
más sabroso de mi frágil copa.
Y me atreví a robar,
sus tragos más poseídos,
que me sugirieron en sus alas de mar,
caminar las costas de sus latidos.
Y me encontré de pronto en un vals,
con el brindis casi en los pies,
y con una mirada clara como el cristal
de la copa que lleve hasta el amanecer.
Después ella y ella se miraron,
y me miraron fijo a la vez,
y los tres en el brindis simulamos,
que nos miramos sin querer.
Y jugué con una y otra,
pero más la otra jugó conmigo,
porque la una se quedó mirando,
como la otra jugó a mi ritmo.
Y abandonando por segunda vez
el vicio de embriagarme,
deje la otra por la una
siguiendo el juego del canje.
Así se marcho la noche
entre mi copa de vino y mi dama,
sin recibir de alguna un reproche,
por darle a la otra mis alas.
ATOS.