Rafael Leon Franco
Poeta recién llegado
Mis parpados caen pesados
como cascadas al abismo,
mis ojeras como escamas
se clarifican congeladas y me felicito.
Me tomo el cabello revuelto
y aun quiero correr
y las jirafas tienen mis pies
y los elefantes mis caminos.
Me desabrigo la piel
y se derrama mi sangre,
¡me despabilo!
y los camellos y las caballos
corren por mis venas.
Y los leones me devoran con sus dientes
de sabanas blancas
y cesan mis dolores.
Y me pongo a cortar flores para nadie
y niego y vuelvo a negar que son para ella,
¡no seré yo! ¡no seré yo!
me digo, quien a de pedir perdón.
Deshojo las flores con los labios
que demandan por ella;
la quiero, no me quiero, la quiero, no me quiero
y
Clamo mi sangre con triunfo
y las luciérnagas claman mi desvelo,
y los duendes y las hadas
despiertan con mi sueño.
Y despierto,
y ya no queda nada y ya no quedo nada
solo restos de mí.
como cascadas al abismo,
mis ojeras como escamas
se clarifican congeladas y me felicito.
Me tomo el cabello revuelto
y aun quiero correr
y las jirafas tienen mis pies
y los elefantes mis caminos.
Me desabrigo la piel
y se derrama mi sangre,
¡me despabilo!
y los camellos y las caballos
corren por mis venas.
Y los leones me devoran con sus dientes
de sabanas blancas
y cesan mis dolores.
Y me pongo a cortar flores para nadie
y niego y vuelvo a negar que son para ella,
¡no seré yo! ¡no seré yo!
me digo, quien a de pedir perdón.
Deshojo las flores con los labios
que demandan por ella;
la quiero, no me quiero, la quiero, no me quiero
y
Clamo mi sangre con triunfo
y las luciérnagas claman mi desvelo,
y los duendes y las hadas
despiertan con mi sueño.
Y despierto,
y ya no queda nada y ya no quedo nada
solo restos de mí.