Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Experiencia ahogada en el acero,
demasiados cables entorpecen la palabra
que se escurre por los dedos
como la sal por el agua.
Somos fuente de un reloj perdido,
emigrantes de una noche con espadas
y ojales,
botones de esos cierres que olvidan el pasado.
Ocultos, en el bosque donde la paz escuece
por la rama que cae sin apenas ruido.
En el suelo el caos es carne de pescado
con escamas de lince que desaparece al salto.
Me parece mentira, no estar
en el olvido colgado como un liquen
con sus abiertas mitades y la sed,
una sed que no conoce a la piedra
que pone los cimientos
de una paz duradera
mientras no exista el otro.