Te descubrí como rosa lejana
entre girasoles brillando
inalcanzable estrella roja
de todas hermana,
de la noche que no era mía.
Fueron goteando de soles sus rayos
como suero en mi sangre
hasta que la luna basta dijo
y el alta a tus pies me dio.
De tu mano volví
y no sentí espinas,
no note amarillas las caras
porque entre tus pétalos me perdí,
en tu mirada de diamante oculto,
en el aroma a rocío de cada mañana.
Y seguí perdido,
por creerte desnuda y tu abrigo ser,
tu amante
tu donante de amor.
Entre esos campos dorados
y dolor de tus espinas clavadas,
mi historia calada sentí,
por el rojo enquistado en mi memoria,
el oro pisado sin valor,
pesado el hoy
entre los días cosechados nadando
sin un domingo,
sin un silbato de tren.