Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
UNO
Uno el número,
la marca que regodea las cifras,
el episodio último de la hoguera
con fríos chamizos de pan y henos.
Uno el prisma que agota la luz
en estrechos ojales de visión y osadía;
la estrellas que forra la noche
y demarca las fronteras de la piel y el hombre.
Una la cifra que argumenta la palabra,
el símbolo del brazo en los años,
la agonía atroz de los que vendrán algún día
a ser soberanos de un imperio derrocado.
Uno el espacio que argumenta las prosodias,
el cruel enemigo que facilita la ciencia
y demuele las abstracciones con cien voces en el fango.
Uno el taladro que todo perfora,
la perduración de la sangre apenas palpitan los labios
Una la mano que escribe el infinito teorema.
Uno el número,
la marca que regodea las cifras,
el episodio último de la hoguera
con fríos chamizos de pan y henos.
Uno el prisma que agota la luz
en estrechos ojales de visión y osadía;
la estrellas que forra la noche
y demarca las fronteras de la piel y el hombre.
Una la cifra que argumenta la palabra,
el símbolo del brazo en los años,
la agonía atroz de los que vendrán algún día
a ser soberanos de un imperio derrocado.
Uno el espacio que argumenta las prosodias,
el cruel enemigo que facilita la ciencia
y demuele las abstracciones con cien voces en el fango.
Uno el taladro que todo perfora,
la perduración de la sangre apenas palpitan los labios
Una la mano que escribe el infinito teorema.
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