V (La dueña de lo negro y la belleza)

Kalipso

Poeta recién llegado
Los dedos recorren el instrumento con destreza,

Sus níveas manos bailan sobre las teclas en un vaivén impresionante

El himno suena y suena llenando la estancia de rica armonía.

El cuello de la artista se amplia

Cuando siente la maravillosa esencia

De la canción sobre sus sienes

Sobre su busto, sobre sus pies y sus caderas.

Le hierve la sangre por el deseo

De crear el momento perfecto

Sumida en ese espacio de tiempo que resulta

Inalcanzable e inexistente para la mayoría de mortales.

No se da cuenta que un par de ojos negros

La observan con agudeza.

Y cuando la última nota sale a flotar.

En vítores se suelta la audiencia

Ella sale elevada sobre bruma espesa y desesperante.

Recibe los halagos con orgullo

Y cuando unos ojos negros la enfrentan

Son sus mejillas como un capullo

De una rosa magenta.

“—Soy Robert—Dijo el hombre” y al hacerlo, una reverencia.

El viento desato una leve brisa

Y asustadas las aves vuelan de la cornisa.

A la humedad de la nocturna selva.

—Un gusto—Respondió ella caminando hacia el balcón.


—No he podido evitar verla esta noche—Díjole

Y ella airada y orgullosa levanto una ceja

—Es inevitable. De esta noche fui la estrella—

Él sonríe, en respuesta. Ella lo observa.

Él se acerca y ella lo enfrenta.

—Es usted muy bella—La alago.

Se dio vuelta con el vestido volando a su alrededor.

—Gracias, Robert. Me llamo Eliza—

—Lo sé. Al inicio dio su nombre—

De la sala salió otra melodía.

Más suave, más lenta. Con la voz llena de alegría y un deje de tristeza.

— ¿Baila conmigo? —

—Por supuesto—Acepto ella.

Y a sus brazos se entregó.

Bailaron por la estancia ya vacía.

Con los pies como flotando. Y en armonía

Sus almas al momento se entregaron.

Pasaron las horas entre risas

Entre secretos y algo de vino.


La leyenda cuenta que ella es la mujer de negro

Dueña de encanto, de música y belleza.

Quien con sus largas uñas a los hombres enamora

Y en el vaivén y la alegría de un baile

Sus almas ella roba.


Ella es la diosa de la destreza.

De la muerte.

Del encono infernal.

Es su risa de oro, como una orquesta.

Atrayente, despectiva y sensual.

Es su nombre la agonía del amante nocturno

Y es su nombre la simpatía de sus bellos enamorados.


Y su fiel risa de oro que alberga con agudeza

Entre sus tules de princesa, el arrullo

De un murmullo

Principesco

Que ha de verse un día,

Entre vinos alegría.

Como dice la princesa:

Es el amor, mi canto y mi tesoro.

La flecha de Eros es mi arma más letal.

Y mi sonrisa el hechizo

Que a los más fuertes en la historia

Han un día de amar.


Y al decirlo su sonrisa y su belleza misteriosa

Y su torso desnudo se convierten.

En la cosa más horrible que alguien

Alguna vez ha de mirar.​
 
Los dedos recorren el instrumento con destreza,

Sus níveas manos bailan sobre las teclas en un vaivén impresionante

El himno suena y suena llenando la estancia de rica armonía.

El cuello de la artista se amplia

Cuando siente la maravillosa esencia

De la canción sobre sus sienes

Sobre su busto, sobre sus pies y sus caderas.

Le hierve la sangre por el deseo

De crear el momento perfecto

Sumida en ese espacio de tiempo que resulta

Inalcanzable e inexistente para la mayoría de mortales.

No se da cuenta que un par de ojos negros

La observan con agudeza.

Y cuando la última nota sale a flotar.

En vítores se suelta la audiencia

Ella sale elevada sobre bruma espesa y desesperante.

Recibe los halagos con orgullo

Y cuando unos ojos negros la enfrentan

Son sus mejillas como un capullo

De una rosa magenta.

“—Soy Robert—Dijo el hombre” y al hacerlo, una reverencia.

El viento desato una leve brisa

Y asustadas las aves vuelan de la cornisa.

A la humedad de la nocturna selva.

—Un gusto—Respondió ella caminando hacia el balcón.


—No he podido evitar verla esta noche—Díjole

Y ella airada y orgullosa levanto una ceja

—Es inevitable. De esta noche fui la estrella—

Él sonríe, en respuesta. Ella lo observa.

Él se acerca y ella lo enfrenta.

—Es usted muy bella—La alago.

Se dio vuelta con el vestido volando a su alrededor.

—Gracias, Robert. Me llamo Eliza—

—Lo sé. Al inicio dio su nombre—

De la sala salió otra melodía.

Más suave, más lenta. Con la voz llena de alegría y un deje de tristeza.

— ¿Baila conmigo? —

—Por supuesto—Acepto ella.

Y a sus brazos se entregó.

Bailaron por la estancia ya vacía.

Con los pies como flotando. Y en armonía

Sus almas al momento se entregaron.

Pasaron las horas entre risas

Entre secretos y algo de vino.


La leyenda cuenta que ella es la mujer de negro

Dueña de encanto, de música y belleza.

Quien con sus largas uñas a los hombres enamora

Y en el vaivén y la alegría de un baile

Sus almas ella roba.


Ella es la diosa de la destreza.

De la muerte.

Del encono infernal.

Es su risa de oro, como una orquesta.

Atrayente, despectiva y sensual.

Es su nombre la agonía del amante nocturno

Y es su nombre la simpatía de sus bellos enamorados.


Y su fiel risa de oro que alberga con agudeza

Entre sus tules de princesa, el arrullo

De un murmullo

Principesco

Que ha de verse un día,

Entre vinos alegría.

Como dice la princesa:

Es el amor, mi canto y mi tesoro.

La flecha de Eros es mi arma más letal.

Y mi sonrisa el hechizo

Que a los más fuertes en la historia

Han un día de amar.


Y al decirlo su sonrisa y su belleza misteriosa

Y su torso desnudo se convierten.

En la cosa más horrible que alguien

Alguna vez ha de mirar.​
Bella historia de ¿amor?, en la que al final nada es lo que parece, podría ser una buena metáfora del amor en general. Me ha gustado mucho amiga Kalipso. Un abrazo. Paco.
 
Excelente, es un relato rico en esencia y muy bien logrado. Sin duda atrapa a quien lo lee y por su fluidez no lo deja escapar, es tan atrayente como seguro la belleza de la mujer de la que habla el relato.
Si a su corta edad escribe esta maravilla de poema, dichosos los que sean testigos de sus futuras obras. Mis sinceras felicitaciones.
Me ha gustado tanto que me atreveré a hacer algunas sugerencias, por si desea considerarlas, las mismas están en la parte inferior.
Cordiales saludos.[/QUOTE
Gracias, amigo. No sabe lo mucho que significan sus palabras para mi. Me alegro que le guste. Y gracias por lo de las sugerencias, siempre es bueno aprender algo, en fin. Me despido agradeciendo nuevamente sus palabras y su tiempo.

Besos. Kalipso.
 

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