Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
VAGONES CON AROMA A TURRÓN, CAFÉ Y CHOCOLATE
En cada vagón había un fanático de las fiestas de San Pacho, la ciudad lució el chocolate, fuerza tropical, sazón de la orilla del mar, energía, orgullo de la chocoana minería.
Palomas torcaces cantaban, corrían en esa tierra, que cinco o seis siglos atrás, castigaba la mezcla racial, se salvaba el que adquiría la costosa cédula de blanqueamiento, para asegurarse el momento.
Medellín lució la elegante escultura mestiza, Alcalde Negro, que ganó al escrupuloso linaje, ese fue el anhelado milagrito que trajo aquel año su Pachito.
Noche, próxima a brujitos, sabor a turrón y café, manjar dando su punto en la paila, saltando, corriendo, gritando, palmoteando, en comparsa, conquistado un saxofón, un alegre acordeón.
Juntos, muy juntos, se tomaron las calles al ritmo de un tambor.
En cada vagón había un fanático de las fiestas de San Pacho, la ciudad lució el chocolate, fuerza tropical, sazón de la orilla del mar, energía, orgullo de la chocoana minería.
Palomas torcaces cantaban, corrían en esa tierra, que cinco o seis siglos atrás, castigaba la mezcla racial, se salvaba el que adquiría la costosa cédula de blanqueamiento, para asegurarse el momento.
Medellín lució la elegante escultura mestiza, Alcalde Negro, que ganó al escrupuloso linaje, ese fue el anhelado milagrito que trajo aquel año su Pachito.
Noche, próxima a brujitos, sabor a turrón y café, manjar dando su punto en la paila, saltando, corriendo, gritando, palmoteando, en comparsa, conquistado un saxofón, un alegre acordeón.
Juntos, muy juntos, se tomaron las calles al ritmo de un tambor.