Valiente mujer
Se difunde en la noche queda,
larga y habladora
la figura distante a la sombra
de bella sonrisa… ella.
La que estruja en mis horas cortas
la impaciencia en mi alma
la cobardía longeva,
que va atada a mí, durante muchos años.
Despierta, clavada en los días,
emanando en la cicatriz amorosa
un nuevo fluido
el cual discurre paciente en mi pecho
al sentir en mí, su amor,
sus ganas de enfrentar la bonanza
de poner el pecho en la metralla
en lo agitado de mi vida,
de la sinuosidad ocre que le llena.
Es pues ella, la dulce niña,
la epifanía figura que nace en mis letras,
en la desigualdad deshonrosa
planteada por otros,
que la torna discreta a mis ojos
traduciéndole a mis pupilas
las nuevas imágenes,
las que jamás he alucinado
las que jamás mi escondrijo cerebral
pudiera siquiera dilucidar.
Y va ella…sonriendo,
pensando en un futuro terso, lleno de besos
que hoy extraño, los que crecen en mí
cual hiedra, cual tallo arbóreo
de palabras, de vivencias
que sacian en mí el hombre atrevido,
el labriego intimidante,
el fulano andariego.
Me recorto el cuerpo de las pesadumbres,
de mis temores sacros
y coqueteo con ella, mi bella chola,
mi adorada niña valiente.
Si pudiera vestirme con ella
de esos mantos tejidos por avatares,
de hilos graneados, de aroma ejemplar ,de lucha.
Y si tuviera pues en otrora la patria
cien guerreros con su espíritu,
ni diez mil europeos con su forjado hierro
habrían abatido el imperio,
ni veinte mil sureños sedientos de riqueza
habrían dado siquiera un paso…
Estos son mis versos tocados por los de ella,
estas son mis ansias de abrazarla
de llevarla a mi vida
y será el tiempo el que me aclare
si soy yo el digno guerrero
de tocar su eclesiástico cuerpo.
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